Desaparecen tus mensajes,
se esconden entre las nubes
como aviones en el aire,
Los bagajes ya no son los que tuve
hace tiempo ya,
aun así,
el corazón se empaña de sombras,
como las muelas de caries,
una sórdida sensación de vacío sucede en mí
cuando no te encuentro en Buenos Aires.
Tu nombre deviene de la luz,
encandilante como un cielo de diamantes,
mi sangre arde,
por nuestra noche en Venus,
los pasajes de risa y timba
y nuestros relojes delirantes.
Aunque busco la soledad y en ella me refugio,
aunque nace en mí un fuego imposible de domesticar,
de arte, vuelo y orgullo,
me enloquece tu ausencia en mis sábanas,
volver a probar tu piel, volver a ser tuyo.
Me dejaste un fuego de souvenir,
rojo como un rubí,
suelto y jovial como tu cadera,
De él quiero huir
sin embargo lo busco cuando mi corazón acelera.
Las almas sin cadenas no pueden enamorarse,
tampoco esquivarse,
un tenso magnetismo nos unirá
y me dejarás amarte.
Te esperaré, pero no me quedaré quieto,
eso es perverso,
puede que sea cobardía, pero no, no es por miedo a las espinas.
Lucía,
si en un carruaje en la noche pude encontrarte,
si en la niebla pudiste esperarme,
no perderé paciencia,
para volver a besarte.

Juan Cruz Arias Pereyra
Psiconauta del Inconsciente. Aficionado al buen y mal comer. Mono Sabio. Gallina. Hola.
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