Se me ocurren mil palabras para describir la semana en el sur que pasamos juntos,
pero como me salen del corazón son mudas, porque el corazón no habla.
Estoy segura que mis besos eran subtítulos que salían a borbollones directo de mis latidos,
que parecían gritar de lo fuerte que éstos golpeaban.
El tambor de mi corazón, la melodía de mis risas y el fluir de mi sangre
dirigían una samba que me elevaba y guiaba, entre brazos, lagos y montañas.
No podía encontrar la forma de trasladar las palabras a mi boca,
estaban estancadas entre venas y arterias, generando un dolor en el pecho
que amenazaban con romperlo y perderse en el viento.
Pero no me daba miedo morir.
Porque si moría en el sur no era por el frío punzante o el penetrante silencio,
habría muerto del amor que nos abunda desde adentro.
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