Todo termina explotando, tarde o temprano. Es engañoso estar dentro de campos luminosos, inmensos y misteriosamente perfectos. Al adentrarse más, se va deshaciendo la magia, se pierde el impulso que lo mantiende vibrando. Es como quedarse sin combustible en la mitad del viaje, podemos seguir apretando con fuerza el acelerador, ya rendidos, desesperados, con el deseo de que no se termine aún. Y eso es lo que desencadena la explosión.
Y quedamos heridos, nos abrazamos para tapar las cicatrices que saldrán a la luz en algún momento. Otros ojos que ya han visto explosiones, quizás miles de ellas. Donde muere una estrella, nace otra nueva. Otra que en su momento perderá su brillo, pasando a formar parte del vasto universo.
A pesar de conocer las leyes que rigen este mundo, seguimos creyendo. Es ese estallido de colores y luces algo tan triste en el momento, pero que no conduce a ningún desamparo, sino a nuevas vidas, a pequeñas estrellas que incrementan su tamaño poco a poco. Tan diminutas al principio que resulta imposible imaginarlas explotando, hasta que ocurre. Y se lleva todo consigo hacía un nuevo destino, nuevas mlradas, nuevas emociones.
Así y todo, el espacio deja de ser tan oscuro y solitario cuando se desatan explosiones. Pienso que no me disgustaria terminar mi vida como una estrella si vamos a explotar juntos.
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