Soy del amor
“Nadie pierde por dar amor, pierde el que no sabe recibirlo”. Escuché esa frase de un desconocido un día en el colectivo, y algo dentro mío cambió.
Ahí descubrí que yo jamás perdí. Que soy del amor desde que nací.
Entonces me puse a pensar en todo lo que aposté por vos. ¿Gané o perdí?
Creo que me pasé la vida amando y, al mismo tiempo, buscando amor. Pero, como me dijeron alguna vez, “el océano no necesita buscar agua”, y ahí está el problema de la cuestión. Sigo condenada a buscar por fuera lo que ya yace dentro mío.
Por momentos quiero ser tan amada como una plantita en el jardín de una abuela. Pero, ¿no podría ser yo misma quien la riegue?
Realmente quisiera confiar en mí como confié en vos.
Como dijo Pizarnik: “Yo moriría mil veces por recibir amor sin pedirlo”.
Pero no quiero ser espera, quiero ser ejemplo. Quiero crear en lugar de demostrar. Quiero apasionarme sin perder mi pasión. Quiero ser yo.
Pienso que el amor es proteger la sensibilidad del otro, crear ternura donde antes hubo miedo.
¿Y qué es el amor sino hacer del abrazo un lugar para estar?
A veces el amor es un abrazo firme en una noche triste, un abrazo que sostiene el abismo. Pero cuando el cuidado deja de ser mutuo, hay que irse, incluso con el desgarro.
Por eso quedarme era abandonarme.
Es inútil amar aquello que te ignora.
El amor es hogar, y uno no debería caminar de puntitas en su propia casa.
Esperar que lo mutuo nazca de la nada es herirse; todo se construye.
Tal vez yo también fui indecisa en algún momento de mi vida, pero a vos te tenía más que claro.
Ahora perdí las ganas de insistir. Mi corazón frágil no puede curar otro dolor por vos. Cada intento de sostenerte, de sostenernos, cada gesto que no encuentra reciprocidad, me destruye un poco más, me desordena.
Alguna vez lo mutuo fue más que unir nuestras soledades.
Alguna vez fuimos casa y calma para el otro, antes de abandonarnos.
Entonces te pienso y siento cosas que creí que nunca iba a sentir.
Me gustaba abrazarte y que descansaras en mí, como yo descansaba en vos. Me gustaba cuando nos abrazábamos porque el mundo parecía acomodarse solo.
Pienso en tus ojos, que son hilos directos hacia mi corazón, y me aterra dejar de sentir esto por vos. Me aferro, con esperanza y convicción, a la idea de que las cosas algún día irán mejor.
Te amo más allá de la vida, porque el amor habita en el alma, y el alma nunca muere.
Te amaré más allá de mi último latido.
No importa la distancia que nos separe, siempre habrá un cielo que nos una.
Te dejé ir aunque me doliera en el profundo, porque era necesario para hacerte bien.
Nos unía el sentimiento, pero no el destino. Y a veces amar también significa decir adiós.
Sé que pronto vendrá el amor en otros cuerpos, pero ¿tendrán tus ojos?
Acá estoy para vivir mientras el alma me suene. Y acá estoy para morir cuando la hora me llegue en los veneros del pueblo. Porque varios tragos es la vida, y un solo trago es la muerte.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión