Nunca te había escrito nada,
porque te amo y le temo a tu rechazo.
Sé que sentís que no supiste cuidarme,
que pudiste haber dicho o hecho más
y que si eras valiente, el mundo te hubiese visto las heridas
mucho antes de que se infectaran.
Sé que trataste de olvidarme,
apenas seis años desde esa única foto de la niñez,
me obligaste a abrir el pozo de los gusanos
donde después me cubrirías con tierra
y te sentarias sobre el pasto violáceo, antinatural...
podrido.
Intentaste que crecieran flores,
te sentí dibujar y escribir cartas a quienes ya no lo merecen tanto,
contuve tu llanto cuando las pastillas de colores lo volvieron imposible
y desde abajo, muy bajito, intenté que supieras que saldríamos de esa
y de esta,
y de todas las que puedan venir.
Porque como te dije al empezar el texto,
yo te amo
y ya no necesito que me cuides a mí
sino a vos.
Porque por fin nos dejó de importar ese mundo complejo, agrietado,
por fin nos queremos centrar en que el pasto sea verdoso
y lleno de lirios y solo lirios,
no quedan espacio para las margaritas envenenadas,
ni para nadie que no sepa porqué los lirios sí
y todo lo demás no.

Florencia Velázquez
Escribo como evidencia de que aún estoy viva. El libro está en proceso, lo actualizo cada vez que me inspiro.
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