Solo Dios
ha visto
como mi carne
se pudre en vida
como mi piel
se abre
como tierra seca
cómo mi aliento
se vuelve hedor
cómo mis huesos
crujen
se astillan
se parten en la hoguera
al igual que las brujas
los malditos
los que aman demasiado
los que no saben
cerrar las puertas de su pecho
antes de que las abran un cuchillo.
Solo Dios
ha contado
las veces
que me he ahogado
en mi propia sangre
las veces
que he despertado
con el corazón
como un cadáver hinchado,
como un animal muerto
flotando
en un río
de vómito
y lágrimas.
Solo Dios
ha visto
cómo me desplomo
en la fosa común
de mi habitación,
cómo me entierro viva
bajo las sábanas frías
que son sudario
y mortaja,
cómo me abrazo
a mi propio cuerpo
como si aún quedara
algo de calor
en esta ruina
en este despojo que solía
ser humano.
Dios
me dio el don
de sentir la ternura
de ver la belleza
en la sombra
en la grieta
en la herida
de besar
con labios abiertos
como si el amor pudiera salvarme
como si la carne
no fuera solo alimento
para los buitres
para los gusanos
para los que saben
que el amor
no es más
que un festín de despojos,
una cacería
donde el que ama más
es el que muere primero.
Porque ni el beso traidor
de Judas Iscariote
llevaba la fiebre
que yo
llevo en la boca
cuando amo,
cuando entrego mi cuerpo
como quien entrega una daga
para que la hundan lento
para que la giren
para que la dejen adentro
hasta que duela lo suficiente
como para saber
que sigo viva.
Solo Dios ha visto
cómo mi cruz
no está hecha de madera
sino de carne abierta
de heridas
que nunca cierran
de nombres
que me gritan en la sangre
de manos
que me han tomado
y me dejaron
con el amor en las manos
sin ningun tipo
de piedad.
Mi cuerpo
es un animal muerto
un cadáver tibio
que aún se mueve
que aún respira
que aún espera
sentir unas manos
que no destrocen
que no arranquen
que no dejen marcas
como huellas de guerra
como cicatrices que cuentan
las historias
de mi derrota
de mi fracaso
de noches
donde el amor
fue solo un eco
una sombra que huía
un espectro
que me miraba
desde la esquina oscura de la cama
sin atreverse a rozarme,
sin atreverse a quedarse
porque sabe que amarme
es como hundir las manos
en una herida abierta
en un pozo sin fondo
donde todo se ahoga
donde todo se pierde
donde todo
termina
Solo Dios ha visto
cómo amo
hasta perderme
cómo cada beso
es un pacto sagrado
cómo cada caricia
es un poema
escrito en piel
cómo no sé
entregarme a medias
cómo mi amor
no es de pasos cautos
de latidos
que no conocen la duda
de suspiros que llevan el peso
de todo lo que callo.
Solo Dios sabe
que yo amo
hasta desbordarme
hasta romperme
hasta quedarme vacía
en las manos de otro
esperando
que me sostengan
pero solo recibo
silencio
soledad
y una herida nueva
donde antes
había esperanza.
Solo Dios ha visto
cómo lo único
que me ha faltado
ha sido entregar
el corazón en las manos
abrir el pecho
sacar el músculo palpitante
y decir:
"Cuídalo como si fuera tuyo
llévalo contigo si quieres
devuélvemelo si no puedes amarlo
pero no lo dejes caer"
como si no supiera
que siempre
lo toman
lo aprietan
lo retuercen
lo dejan caer
Solo Dios ha visto
cómo incluso en algo
tan insignificante
como es el sexo
amo con devoción
como si mis caricias
fueran plegarias
como si mi entrega
fuera un acto sagrado
como si mi piel
fuera un altar
y mis besos
una oración desesperada
pidiendo que
por una vez
no me dejen sola al final
no me arrojen al vacío
como un cuerpo sin nombre
como un sacrificio
que nadie pidió.
no me hagan darlo todo
para despues dejarme
siendo nada
Y al final
solo Dios lo sabe
solo Él lo ha visto,
porque nadie más
se ha quedado
el tiempo suficiente
para entenderlo.
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