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    Sofi

    Aug 22, 2024

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    Sofi
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    At the beginning I was told not to rush things up. To be patient and let others do their parts of the job.

    Now I’m alone again.

    Apuro el paso mientras me aprieto los guantes, escalando murallas, agarrada de salientes. Hurgo las cicatrices de la montaña buscando sus secretos, mis dedos bailan entre hendiduras y fisuras, los huecos de trozos caídos me ayudan a subir.

    Cada tanto me detengo, aparto mi cabellera desalineada de mis ojos y observo la planicie. La fauna disfruta de su expansión horizontal, mi camino es el eje vertical.

    Después de un tiempo una desarrolla un instinto especial para hallar sujeciones, invisibles a la vista del resto, pero brillantes y llamativas a mi juicio.

    Escalo a la par de la cascada, pero en sentido contrario, despido a cada gota que cae y suspiro para no caer también, no aún. El agua me salpica refrescante y su continuo impactar con el fondo rocoso es música ambiental. Beberé una vez arriba.

    Una mano, luego la otra, después un pie, tal como mi padre me enseñó.

    Desde pequeña me noté diferente, me di cuenta de que no caminaba con la cabeza gacha como el resto; mi postura, con el mentón alzado y la espalda recta eran una pista de mi futuro y mi destino por igual. Nací para estar arriba, mi hogar es el de las aves, el del viento, el de la lluvia antes de caer, es el olimpo del que Zeus arroja rayos furibundo y del que se supone Jehová castiga a sus pecadores, aunque yo no lo usaré para dar castigo alguno.

    Ya a medio camino empiezo a sentir la fatiga del esfuerzo, mi cuerpo no fue hecho a la medida de mi alma. Pero no desisto, aún puedo seguir, aún debo hacerlo.

    El sudor de mis manos es un beso de humedad para las rocas, y las beso yo también, por respeto, por cariño, por compasión. Porque por eso mismo las rocas son lo que son, porque pese a su edad, su longevidad, les soy la primera en mostrar amor.

    Ya casi, ya estoy, a pocos metros de la coronación, de volver a casa. Una mariposa vuela a la par mía, me acompaña.

    Veo un hornero laborioso antes de arribar a mi destino, semioculto en un recoveco pétreo, junta barro para construir su hogar, el suyo y el de su compañera, el de su futuro; análogo a mi, su nacionalidad son las alturas, su deber, el volar.

    Al fin estoy arriba, al fin, en contacto con el cielo, en la extensión ininterrumpida, en la calidez de la luz.

    Y me acostumbro al sol y me asemejo a él, porque en el fondo yo también soy una estrella, una estrella que por error nació humana, o más que por error, por gracia.

    Y siempre lo seré, y siempre lo fui.

    Jeremías Guedes

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