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(sodade)

ciempiés

Jun 18, 2026

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(sodade)
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Kagiura masticaba su galleta lentamente, como si aquello requiriera cierta precisión, hacía ruiditos de ratón y apenas se le notaba satisfecho con el sabor. Nadie nació para ser repostero, menos yo. Me sentí observado por ese par de ojos almendrados, no decía nada, solo me miraba y masticaba. Comencé a sentirme incómodo.

—¿Tengo algo en la cara?

—Susila —habló luego de terminarse su bocado—, ¿en qué sueñas cuando no estás en casa? En el campo, digo.

La pregunta me tomó por sorpresa. ¿En qué soñaba? Podría decirle que en todas esas veces en las que nos mojamos los pies en el río, en los paseos en bicicleta o tal vez en los días de colegio. Habían un montón de cosas que seguramente acabarían en una lista dedicada a la nostalgia. Nunca me gustó el estilo de vida rural, pero extrañaba la sensación de libertad antes de que todo se arruinara y tuviera que tomar el primer tren sin destino fijo. Lo pensé mucho, incluso se me vino a la mente soltarle que soñaba constantemente con mi padre, la versión buena, la que mi yo más ingenuo amaba. Soñaba tantas cosas y se me dificultaba elegir una.

—En todo y nada— dije.

—No respondiste mi pregunta.

—Quizá no quiero hacerlo.

Le devolví la mirada, Kagiura frunció el ceño. «La cagué», pensé mientras el silencio se apoderaba de la habitación. Pero el buen Kagi-kun sonrió sin más y se levantó. Me tendió la mano y yo me dejé llevar, seguramente mencionó algo sobre mi peso y lo ligero que me sentía. También habló de su sueño de mudarse a Shibuya y conseguir un empleo. A mí me daba pena aterrizarlo con un cubetazo de realidad, pero no servía de nada contarle mi propia experiencia.

—¿Y tú? ¿Qué sueñas?

—Nuestro primer beso.

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