Estoy saturado, sí, (sobre)saturado, es difícil perseguir la paz que tanto anhelo cuando un día me levanto y lo primero que pienso son en las ganas que tengo de morirme, pero es que yo tampoco me ayudo mucho, el día anterior volví a beber sin medida y también recordé que ya voy para los cinco días sin tomar la medicación que el psiquiatra me recetó, parece que me odio pero en realidad ya ni tiempo tengo de odiarme. Me levanto bien temprano todas las mañanas por inercia, ya ni siquiera importa si dormí tranquilo o si dormí mis ocho horas naturales, no importa mientras me preparo el café y me fumo el primer cigarro del día.
Estaba pensando en armarme un diario para las penas que resurgieron cuando él me volvió a escribir, pero es que ya tampoco le quiero dar importancia, me acuerdo bien de aquella noche en la que le había mandado página por página del diario que le había armado de cuando estaba enamorado, yo creo que se rió de mí, pero ya ni me acuerdo, así de insignificante me sentí aquella vez.
Ya son las doce de la madrugada y siento que me olvidé de cómo amar, me quiero vomitar, creo que solamente estoy traumado, no quiero hacer mis textos demasiado largos pero cada que escribo yo hablo alchile, ya no le tengo miedo a los modismos de mi barrio ni a las faltas de ortografía, creo que él también me arrebató eso, el orden.
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