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Sobre mi primera experiencia facultativa.

Malena.

Feb 13, 2026

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Sobre mi primera experiencia facultativa.
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Nací en la Ciudad de La Plata. Me crié y crecí en la misma ciudad, al igual que mi Mamá y mi hermana. Una ciudad única; esa de las diagonales similes a laberintos, de las plazas cada ciertas cuadras, de las canchas de fútbol y las tardes de superclásicos, y de algo nuestro además muy valioso, la Universidad Pública de La Plata.

Durante mi infancia siempre fui muy fantasiosa, soñadora de proyectos futuros, idealizadora de distintas y contradictorias dedicaciones apenas sin siquiera saber deletrear ni escribir bien mi apellido. Ansiaba con ser de lo más utópico hasta lo más básico. Ésa inocencia de niño que anhela con poder serlo todo algún día…

Admiraba, desde mi propia soledad o junto a mis amigas, cómo primos, tíos, hermanos, quien sea, desde lejos contaban sobre su facultad como si fuese otro Mundo. Un universo totalmente paralelo a lo que yo conocía; a las clases del colegio que yo acostumbrada en esas épocas, con todas materias distintas y algunas que odiaba como las matemáticas. Y yo pensaba en lo genial que se escuchaba mediante mis impulsos y ganas tremendas por ser grande se agigantaban.

Mi Papá estudió en la Universidad Nacional de La Plata. Allí conoció a mi Mamá. Mis tíos en la misma Universidad. Sentía que debía ser el destino también mío. Ansiaba que lo sea.

Años después, exactamente en 2023 y ya muy cercana a dar mi pase facultativo, tuve mi primer acercamiento con la Universidad, pero no fue cómo lo esperaba, como lo predije desde siempre... porque la causa no era positiva.

Recuerdo la vez que mi hermana llegó a casa luego de una cursada y pareciendo desesperada confesó que tenía miedo que cerrasen la Facultad. Ella estudiaba Educación Física y la política nunca le interesó. Pero esta vez el impactó fue distinto porque fue amenazante para su futuro, para el futuro de sus compañeros, para el futuro de todos.

Las Redes Sociales, las calles y los noticieros comenzaron a hablar del tema. Ya no eran sólo estudiantes y docentes. Eran ciudadanos también. Era un País.

El contexto era este: Un nuevo gobierno y un nuevo desfinanciamiento. Pero esta vez brutalmente duro.

En ese tiempo del estallido yo me hablaba con un chico que participaba en una agrupación militante. Tenía amigas y conocidos que militaban. Yo no era parte de nada y desconocía un poco, pero la empatía humana y la sensación de bronca me hacía sentir que debía participar de la misma lucha.

Se convocaron marchas, marchas nacionales. En cada parte del País la gente expresaba un disgusto.

Manifestaban un rechazo. Mi papá me ofreció de ir. Yo solamente había ya participado en marchas de pequeña y acompañada de mi abuela. Tampoco había ido nunca a Buenos Aires a marchar. Pero por supuesto le dije que sí. Él sabía que era un propósito muy importante y entonces yo también.

Fueron 3 combocatorias en total. 2 de esas yo asistí con él y sus amigos. Y aunque podría parecer que consistía en simplemente caminar hasta el Congreso, no lo era. Me acuerdo perfectamente cómo la muchedumbre ocupaba las calles acompañada de banderas, carteles, remeras; de todos los colores con todo tipo de íconos y logos. Los cantos y los coros, las músicas de parlante, los gritos y obvio que las puteadas también. Tan inmenso y exagerado todo que la masa de gente me amontonó y nos movíamos conjunto la marea dentro de un pogo incontrolable, como olas, sin espacio absoluto para la circulación de algún aire. Pero todos allí por la misma causa.

Y a pesar de todo, frente al Gobierno, el Presidente y sus aliados parecían no interesarse, no haberse si quiera enterado. Como si en la Democracia esta el pueblo realmente no tendría reconocimiento.

Y al día siguiente, confesó no haber cambiado de opinión. Confesó que seguiría con su mismo proyecto de desfinanciamiento. El odio, malestar e incoherencia se acrecentó. Entonces se convocaron más marchas, más charlas, más debates. Era nuevamente furor la educación. E increíblemente estaba siendo debatido su carácter público.

Poco a poco fui sumándome más, informándome más; que significaba indignarme bastante y enorgullecerme cada tanto nomás.

Actualmente la situación no mejoró. Y no porque no hubo participación política ni resistencia del pueblo sino porque el presidente no le importó, no le importa, y el Congreso a veces pareciera ser que tampoco.

Pero creo que en mí y en muchos otros de mi misma generación influyó y mucho. Porque sí que habíamos estudiado, leído o escuchado de reformas, crisis y movilizaciones históricas de este País antes, pero nunca jamás habíamos vivido en nuestra propia piel.

Y no sé sincera y lastimosamente hasta cuando será esto. Cuánto más se podrá resistir. Cuánto más nos silenciarán. Cuánto más se deberá manifestar. Cuánto más nos ignorarán. Cómo se recordará. Qué pasará. Qué cambiará... Pero lo que sí sé es que la Educación es un derecho, un recurso, una inversión, una posibilidad y jamás, jamás, un gasto.

Malena.

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