Sensaciones que transmutan de cuerpo a cuerpo, de mente a corazón. De pies a manos, terminando en un suspiro que culmina al segundo de haberse provocado. Y es ahí cuando ya se ha ido parte de mí, en pensamientos que no pueden ser pronunciados, creando a su paso una gran plaga por toda mi espalda. Pienso entonces en lo fugaz de las cosas, ¿Cuánto dura un sentimiento?¿Y cuándo desaparece por completo?
No soy más que un fugaz, escapando por el tiempo para tenerte aquí, hay momentos que recuerdo, en los cuáles me gusta dedicar parte de mis noches y mis reflexiones, pues no entiendo sus porqués. Quisiera entender la complejidad de lo que no fue, quiero controlar mi evolución en estas ideas cortas que se vuelven sueños arraigados, sueños profundos y deseos iracundos. Me guardé todo lo que pude de ese instante en los cuales fuimos más que desconocidos, en los cuales sentí un cariño sincero que no debía exisitir. Y por eso murió, por mí, por ti y por lo que no quisimos compartir. Fuiste un rayo de sol que atravesó el hoyo que tengo en el corazón, a veces solo quisiera detenerme y no ser fugaz. Y cuando lo hago, lo que pasa por mí es algo más propio, adopto una lentitud inconmensurable para retenernos un instante más en mis recuerdos.
El día había terminado, todos estabamos agotados, quizá esas aventuras jamás volverían, no de la misma forma, no con las mismas personas. Llegamos directo a echarnos y darnos un baño, cada quién iba tomando un turno en la regadera. Yo tímida, como suelo ser, me plante distante a ti. Te encontrabas sobre un balcón que daba a una colina, meciendote sobre el calor del lugar. No dure mucho tiempo lejos de tí, pediste que compartieramos una pequeña plática. Recuerdo mi nerviosismo, las palabras se me cortaban y apenas podía respirar, en cambio tú estabas sereno. Yo ya había pasado por la regadera, entonces cuando llegó tu turno dijiste que te esperara para dormir juntos, pero me quedé profundamente dormida en la hamaca, caí rendida. Al día siguiente fuí la primera en abrir los ojos y me encontraba sola, pensé que se te había olvidado llegar, pero lo que dijiste fue que no querías despertarme. Entonces acabo lo fugaz y empezó la lentitud, la cuenta de lunares y centímetros de piel. Las historias raras y de la infancia, me pregunté si esto mismo lo había vivido quién me rompió el corazón. Quizá sí y me alegre. Pero no podíamos ir más lento cuando el tiempo se nos agotaba, me prometí que sería algo momentáneo. Y así fue, pero dentro de esa brevedad te encontraba siempre.
Y como si de un sueño incompleto se tratase, no hay más que recuerde. Todo lo demás fue solo el cariño que se desbordaba, el odio que no contenía y la tristeza que me trozaba.

Karla Herrera
Me gusta navegar en mis emociones a través de las palabras, escribo por qué vivo y no hay nada que disfrute más que capturar todo en letras.
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