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Sobre “la salvación de lo bello”, estética y datos.

Mey

Jun 7, 2025

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Sobre “la salvación de lo bello”, estética y datos.
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El instante que no habitamos.

El placer ha sido despojado de su vivencia íntima y convertido en contenido. Y al hacerlo, no solo perdemos el momento: también se nos escapa la posibilidad de contemplarlo.

Byung-Chul Han nos dice “Todo juicio estético presupone una distancia contemplativa” (Han, 2015). Pero ¿cómo tomar distancia si estamos sumergidos en una avalancha de imágenes, de likes, de estímulos? En vez de mirar el mundo, nos miramos a nosotros mismos en él, editando nuestra presencia para que encaje con lo que se espera, con lo que se ve bonito, con lo que puede viralizarse.

“Cuanto más densa se teje la red, tanto más radicalmente se escuda el mundo frente a lo otro y lo de afuera” (Han, 2015, p. 24). La red no solo nos conecta; también nos encierra. Al estar permanentemente en línea, disponibles, atentos, nunca estamos del todo aquí. Siempre hay una notificación que interrumpe, una cámara que se enciende, una publicación que espera. Así, el mundo se vuelve imagen, apariencia, y se oculta su alteridad, su misterio, su posibilidad de sorprendernos.

Y es que “la retina digital transforma al mundo en una pantalla de imagen y control” (Han, 2015, p. 25). No vemos el mundo: lo vigilamos, lo administramos, lo convertimos en archivo. Cada segundo se documenta, pero pocos se viven de verdad. Se impone así un tipo de visualidad que no busca comprender ni sentir, sino dominar. Y al final, todo se reduce a uno mismo, a la vanidad del reflejo, porque “en este espacio autoerótico de visión, en esta interioridad digital, no es posible ningún asombro. Los hombres ya solo encuentran agrado en sí mismos” (Han, 2015, p. 26).

Aquí es donde la estética contemporánea se convierte en anestesia. Vivimos en una época en la que lo pulido ha sustituido a lo bello. La superficie lisa, impecable, sin fisuras, se impone como la norma estética, pero también como un imperativo social. Lo perfecto, lo que no hiere ni conmociona, nos rodea en cada imagen de Instagram, en cada diseño minimalista, en cada cuerpo intervenido digital o quirúrgicamente, puesto que “lo pulido no exige reflexión ni contemplación” (Han, 2015, p. 12).

Esta suavidad visual y emocional elimina toda resistencia, toda posibilidad de profundidad. La estetización generalizada, esa dictadura del “me gusta”, ha abolido la experiencia estética verdadera. Porque lo bello, en su forma más auténtica, implica un encuentro que sacude, que desconcierta, que interpela. Requiere negatividad: aquello que incomoda, que obliga a mirar más allá de la superficie.

El capitalismo digital ha convertido al mundo en una vitrina sin misterio. Todo se muestra, todo se vende, todo se digiere fácilmente. La mirada se vuelve mecánica, automatizada. Incluso lo erótico ha perdido su fuerza: la seducción ha sido sustituida por la exposición permanente; lo imaginario, por lo explícito. Y así con todo, los cuerpos, las ideas, las imágenes, las canciones, las fotografías, lo que escribimos. Hemos anulado la distancia entre nosotros y lo que se contempla.

En este contexto, el cuerpo se descompone en datos, en métricas, en fragmentos hipervisibles. La vida misma se convierte en una coreografía de likes, en un relato pulido y curado para el consumo ajeno. Así, se esfuma la autenticidad de lo cotidiano, y se ahoga la belleza en el silencio liso de lo perfecto.

Hoy, más que nunca, necesitamos reaprender a mirar. Redescubrir la belleza en lo inacabado, en lo roto, en lo que no busca complacer. Recuperar la distancia. Recuperar el misterio. Solo entonces será posible volver a experimentar lo sublime: aquello que no podemos controlar, ni poseer, ni publicar.

« la estética en sentido estricto, reside en el conocimiento cuya búsqueda se lleva a termino en función del disfrute que proporciona el hecho de conocer”, siendo así de aplicación “en todas aquellas cosas conocibles y para todos aquellos sujetos que son capaces de conocer desinteresadamente y de encontrar satisfacción a la vez en ese conocimiento”. De esta manera, la estética no tendrá por único objeto el arte sino también a la naturaleza y, de manera general, a todos los tipos de belleza» Huisman, D. (2002). La estética

Notas bibliográficas

Han, B.-C. (2015). La salvación de lo bello (D. Bayer, Trad.). Herder Editorial. (Obra original publicada en 2013)

Mey

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