Sobre el amor y el tiempo,
dibujo incesantes esbozos
sentenciados a residir errantes
en las terrazas de mi cuerpo
El alma se enamora de vuelta,
como una estrelicia abriendo vuelo
de cabellos rojos, ojeos suaves
y cabezas envueltas de coraje.
El mundo de las ideas, vasta quimera de ángeles que uno se promete
arremeten sobre mí cada verano, como un sórdido sonido lejano. Y en mí recaerá, la osada tarea de cincelarlas, pluma a pluma,
hasta tener mis celestes alas.
El tiempo, reloj eterno, santo pacificador y juzgador.
Traza surcos sobre la piel más lisa,
entendiendo y apreciando con toda luz su valor
Caminaremos a la par de las agujas, lentos o apurados,
y antes de darnos cuenta, el futuro ya es el pasado.
El amor y el tiempo,
de igual forma se escurren entre los dedos,
dos besos nacen y mueren el mismo día
edificando sobre el cerro
y rompiendo los cerrojos de lo eterno.
Los manantiales de flores,
silbando entre el silencio,
con sus campanadas celestiales,
morando tenues en el sueño,
iluminan la estancia,
su corazón de cobre,
y su lánguida existencia.
Te veré del otro lado,
cuando te conozca
cuando ya todo haya guardado,
cuando las agujas se vuelvan hoscas,
allí,
sobre el cordón plateado,
me verás volar, sin reloj,
infinitamente enamorado.
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Juan Cruz Arias Pereyra
Psiconauta del Inconsciente. Aficionado al buen y mal comer. Mono Sabio. Gallina. Hola.
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