Me sentía observada cuando estabas a mi alrededor.
Esa forma que tenías de adorarme desde lejos me inquietaba,
me hacía sentir excesivamente única,
como si en ese momento solo existiéramos vos y yo.
El resto pasaba a ser un simple decorado, demasiado irrelevante.
Pero después de tanto tiempo,
tantos llantos,
tantas discusiones,
tantos problemas y recuerdos que volvían a atormentarnos;
es imposible no sentir dolor cada vez que escucho tu nombre.
Sentir tu presencia es volver a ver cómo las cicatrices se profundizan.
Es como una puñalada en el pecho.
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