En mí habita una ternura, una ternura rara, donde en ella anhelo con desespero la atención de quien amo. Ternura que espera enternecer a quien yo quiero, mas no al que no quiero.
Ternura torpe, ternura que arropa y al mismo tiempo desarropa mi ser, dejándome en un frío constante en el invierno más gélido. De mí nace la ternura al ajeno, mas no mi ternura propia; de mí se rechaza mi propia ternura, como si de ella no fuera perteneciente y solo fuera del otro.
Honraré el día, anhelaré el día en el que de ella pueda aunque sea tapar mis pies entumecidos del frío que me genera arropar al otro.
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