He fantaseado con la idea de reencontrarnos.
A veces, pronto;
otras, invierno.
Sería leve,
como la caída de una hoja sobre tu hombro.
Quizá en la casualidad de alguna reunión,
o tan súbito como chocar por la calle.
Y entonces, en esa tregua con el tiempo,
nos reconoceríamos.
Te alzarías entre todos.
Tu rostro resaltaría sobre los otros.
Tus ojos apagarían lo demás.
Toda tú…
tan tú,
irremediablemente presente.
Hablaríamos largo rato.
Espero que me digas que te encuentras bien,
que la vida ha sido generosa contigo,
que has tenido la oportunidad de cumplir aquello que alguna vez soñaste.
Dime si has viajado;
y, si es así,
cuéntame lo mucho que te divertiste.
Dime a qué sabe tu felicidad;
permíteme imaginar cada instante.
Háblame de las noches difíciles
y de los rincones donde te ocultaste del mundo.
Retrata a cada persona que llegó a tu vida, incluso si se trata de otros amores.
No olvides ni el mínimo detalle.
Nada en ti me es indiferente.
Con suerte,
quisiera contarte lo mismo.
Confesarte que soy más decidido.
Aprendí a no olvidar la receta de la lasaña.
Que encontré cobijo en los libros
y que escribir se volvió cotidiano.
Que llené mi agenda —de trabajo, de experiencias nuevas, de intentos—
en parte por deseo,
en parte por mantenerme ocupado.
No te mentiría.
No podría.
En mi corazón persiste, intacta,
la esperanza:
que nuestras miradas se extrañen,
que nuestras manos se reconozcan,
y que nuestros cuerpos —tardíos—
ya no consientan esta distancia.
Que seamos otros, sí,
dos nuevas gentes,
amándose como viejos conocidos.
Que nuestro reencuentro no sea accidente,
sino insistencia;
se nos vuelva costumbre.
Porque tal vez sí exista esa rara fortuna.
Enamorarse
de la misma
persona
dos veces.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión