Un mundo en movimiento, sin un freno de mano para respirar.
Sin forma de dar vuelta atrás o pausar, eso realmente agobia una mente cansada.
No hay lugar ni momento donde descansar de verdad.
Solo la realidad de seguir y seguir; sí puedes cambiar, pero sin detenerte.
No mires, no voltees, que la tentación y el miedo ganan.
La soledad y tristeza se pronuncian como un camión en el que te estrellarás
solo por voltear atrás, así que sigue, no pares, no respires, solo sigue.
No pienses en chocar, ni acelerar tanto para tu vida arriesgar.
Que eso también lo ven, tantas miradas penetrantes directo al alma
que juzgan y temen por tu vida, a veces una combinación de ambas.
Pero aun así, esa mirada te encandila la mente al punto en el que dejas de vivir.
Aunque tienes pulso, tu sangre corre dentro de ti y tus ideas aún llegan, ya no eres tú.
Dejaste de serlo hace mucho y, sin darte cuenta, solo te convertiste en algo.
Que nunca piensa frenar.
Mulay.
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