Ella se unió al silencio para que la gente hable, opine, discuta y diga. Ella se ha unido al silencio para no dar señal ni pistas, ella a callado para que hablen por ella y de ella. Sus pies también callaron, pues se ha dejado devorar por el espejo para llegar, una vez más, al bosque lejano. Ella anhela acariciar el viento como si fuera su náufrago, ella acaricia el ausente como enamorada, ella esta enamorada. Pero ya es tarde, ella cree que es tarde. Es hora de alimentar a la noche de vino, entre estos esqueletos cubiertos de niebla. Ella se persigue a si misma con el cuchillo de las memorias, ella se mata, ella se suicida, ella alimenta a la noche con su vino, ella mancha su vestido blanco.
Es entonces que el muerto que nunca estuvo muerto aparece desde las sombras de las tinieblas, abraza a la que se suicido cubierta de su sangre silenciada. La noche bailaba al rededor del amante de medianoche y el cadáver femenino, como la noche es noche, la noche hace sus cosas: convirtió al amante en un animal. Él despedazó su vestido alba y tomo su cuerpo como si fuera suyo, hizo el amor en soledad, parecía odio, parecía violencia, él también parecía muerto, tanto que también le robo la muerte a la muchacha. El animal se fue a su rastro más lejano y ella se sentó desnuda en el olvido mientras su cabeza rota vagaba llorando en busca de un cuerpo más puro.
“Luego, cuando se mueran, yo bailaré perdida en la luz del vino y el amante de medianoche, yo seré una con la noche”, pensaba la joven, planeaba la joven. Ella fue una con la noche helada, fue suya la soledad nocturna, fueron suyos los animales sabios que poblaron su sueño, ella esperaba la palabra antigua, fueron suyos el amor al naufrago y su sonido a viento roto.
El cuerpo de la muchacha era puro de maldad, el viento fue quien la desnudo, maldad fue la del pájaro que nunca dejo de avanzar mientras su mente estaba siendo apuñalado por el cuchillo de la memoria, ella intento huir de si misma, ella intento seguir al pájaro, pero no pudo. Se dejo atrapar por el espejo, aquel que no era espejo, sino un simple lienzo que no cambia ni avanza, solo inmortaliza. Ella revuelve las cenizas que habitan en el cofre, para apaciguar las bestias del olvido, para apaciguar su salvación. El cuerpo de la muchacha era puro de maldad, fue la nostalgia que se mezcló con su angustia, con el odio a los rumores, fue la nostalgia mezclada quien violento con ella, fue la nostalgia mezclada quien abuso de su cadáver.
Ella salió de la noche y se unió nuevamente al silencio, volvió a su vida. Ella salió del espejo, pero sus sombras quedaron allí, como si el pájaro lo hubieran matado y convertido en una maleta. Tal vez si. Las sombras inmortalizan en cantos el nombre del naufrago de medianoche, pero no invocan al muerto, solo el nombre regresa vagando por la infinitud.
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