9/Octubre/2025
El silencio es agotador.
Odio escuchar mis propios latidos.
Ese sonido de carne atrapada
que no sabe hacer otra cosa que seguir.
Pero más odio el sonido de los gusanos.
Masticando lento lo que fui.
Haciéndose espacio donde antes yo vivía.
Las manos están bajo mi cama hoy.
No me envuelven como antes.
Me sostienen desde abajo
como si esperaran que me caiga.
Y yo miro el cielo desde aquí.
Ese cielo azul y mentiroso.
Allá arriba hay pájaros que vuelan,
personas que se abrazan,
versiones de mí que nunca fui.
Temo salir.
No por lo que hay afuera.
Sino por lo que no hay dentro.
Si salgo, ¿quién me sostiene?
¿Quién me agarra cuando las piernas flaquean?
Allá arriba no hay manos viejas.
Allá arriba hay que sostenerse sola.
Qué difícil es aprender a amar.
Qué difícil es aprender a crecer.
Y más si es por tu cuenta.
Sin nadie que te diga "así se hace,
así se quiere, mira, así no duele tanto".
Yo nunca aprendí.
Por eso prefiero ser el gusano.
El que devora desde adentro.
El que nunca sale.
Porque si soy el gusano,
al menos soy algo.
Al menos ocupo un lugar
aunque sea en la podredumbre.
Temo salir y quedar vacía.
No quiero ese silencio limpio.
Ese vacío sin bichos, sin manos, sin ruido.
Prefiero el asco.
Prefiero el odio.
Prefiero mil patas caminando por mis huesos
con tal de no estar sola.
Porque la soledad de verdad
no es estar abajo.
La soledad es estar arriba,
rodeada de gente,
y que nadie te mire.
Es escuchar tu propia respiración
en una habitación llena de personas
y saber que ninguna va a abrazarte.
Esa soledad me carcome.
Esa me hace dudar de quién soy,
de qué quiero ser,
de por qué estoy aquí.
Y entonces viene el odio a mí misma.
Ese pensamiento que ronda como mosca:
"¿por qué yo?"
"¿qué culpa tuve?"
"¿acaso hay alguien que sufre más
y yo solo exagero?"
No lo sé.
Pero sé que no quiero salir.
Tal vez por eso estoy aquí.
Porque esto es un castigo.
Algo que merezco.
Por egoísta.
Por no saber querer bien.
Por haberme comido los frutos
sabiendo que estaban podridos.
El hoyo no me atrapó.
Yo lo construí.
Ladrillo por ladrillo,
noche por noche,
con cada "mejor no salgo"
y cada "esto ya es mi hogar".
Ahora soy sus gusanos.
Ahora las manos que me sostienen
son las mismas que hicieron las paredes.
No quiero salir.
No porque no pueda.
Porque si salgo,
no sé quién soy.
Y esa pregunta vacía
da más miedo
que todos los gusanos del mundo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión