Era un alfabeto sin costillas,
pero mi sombra supo deletrearlo.
Traía inviernos en los dedos cerrados,
y yo, campos en la escarcha rendida
No rozaba,
pero los muros recordaban su silueta.
No decía,
pero el aire se astillaba tras su paso
Dormía en la raíz del ruido,
anidaba en la exactitud
Donde antes latía la tregua
Yo, tallo inclinado hacia lo inasible,
bebí del hueco
Como quien confunde reflejo con manantial
Le entoné plegarias de piedra al abismo,
esperando que su eco
Cociera los restos…
Pero solo regreso
Con mi nombre entre los dientes.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión