Sigo esperando
escuchar tu risa;
ver parlotear ramas
entre angustias
de verano.
Aunque ni siquiera te vea,
espero solo un recado.
El recado de tu danza,
de tu arte fulminante
con que fascinas todo,
desde mi aliento
hasta la última hoja de otoño.
Esperaría cada lustro
por ver un pasillito de tu vida,
por sentir esa brisa corazonal
de cada neurona ante tu vista.
Solo me queda imaginar
cómo son tus pasos,
cuáles serán tus risas inspiradas
y cómo se sentirá tu mano
tras un paseo eterno
con la duración que indique
tu mirada
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