debí haber parado
cuando las risas ajenas resonaban tan fuerte en mi pecho
que temblé de solo pensar que llegarían a tus oídos,
como si detrás de tu espalda en lugar de flores
me esperara un puñal.
irónicamente le supliqué a la vida
que no me cause el dolor
que yo ya me estaba causando
porque no pude soportar tener que soltarte
y arriesgarme a que no vuelvas más.
sin embargo, me pregunto
qué tan mío eras si siempre supe
que un par de ojos quizá más dulces que los míos
se cruzarían con los tuyos,
y así de fácil
te vería salir por la puerta.
ya no tengo la misma fuerza, mis brazos son débiles,
me repito que te quiero, te quiero y te quiero
hasta que mi corazón tumba todas las paredes
solo para sentir que sigo viva,
solo para seguir buscando
algo que ya perdí.
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