Ahh, cuando uno se produce...
Se suele decir que uno lo hace para sí mismo, y sin embargo nadie se produce para estar en su casa. ¿Y por qué no?
Cuánto miedo, cuánta admiración, cuánto recelo. Cuántos sueños, cuántas ilusiones, cuántas esperanzas. Cuánta ansiedad, cuánta nostalgia, cuánta apatía.
Hoy me vuelvo a vestir de rojo.
¿Por qué rojo? ¿A quién quiero llamarle la atención? A mí, obviamente.
Mentira, no necesito vestirme de rojo para llamarme la atención. ¿De dónde saqué que el rojo me llamaba la atención? 10 millones de colores y recaí justamente en el rojo. Qué básico, eso no llama la atención.
¿Entonces de qué me visto? ¿Y si ya no me quiero vestir más? No diría que es un capricho, sino más como una forma de protesta. ¿Contra qué? ¿Quién está del otro lado en esta batalla?
¿Y si hoy me visto de blanco? Como pequeña curiosidad voy a comentar que me gusta el blanco. Si me quisiera llamar la atención, me vestiría de blanco. Pero volvemos a lo mismo de antes, ¿me quiero vestir? No estoy seguro.
Cuánto miedo, cuánta ansiedad, cuánta apatía. Bueno, me voy a vestir y veremos qué pasa.
Ya de blanco miro al otro lado del campo de batalla. Como de costumbre, ahí estoy yo, vestido de rojo. Qué básico.
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