Mi última decisión
No me hace especial que me amen.
Me hace especial la forma en la que amo.
Hay gente que llega. Yo fundo.
Hay gente que promete. Yo construyo.
Hay gente que está. Yo transformo.
No sé entrar en una vida dejando la mitad de mí esperando afuera.
Si me invitan a querer, llevo todo.
Mi tiempo. Mi calma.
Mi obsesión por hacer que las cosas funcionen.
Mi absurda costumbre de creer que todo puede salvarse.
Y por eso aguanto.
Más de lo que debería.
Más de lo que cualquiera entendería.
Porque abandonar nunca fue mi talento.
Insistir sí.
Pero nadie confunde mejor la paciencia con la eternidad que quien nunca ha visto a un hombre cansarse.
Yo también me canso.
Solo que cuando me canso... ya es demasiado tarde.
Porque mi "se acabó"
no ocurre el día que pronuncio esas palabras.
Ocurre cientos de silencios antes.
Mientras tú todavía creías que seguíamos escribiendo la misma historia,
yo ya estaba enterrando el último capítulo.
La gente cree que irse es cerrar una puerta.
Qué idea tan pobre.
Yo no cierro puertas. Yo demuelo edificios.
Después de mí ya no queda nada que volver a abrir.
Y es extraño.
Porque jamás me verás lleno de rencor.
Podemos saludarnos. Podemos reír.
Podemos compartir una mesa.
Incluso puedo desearte una vida extraordinaria.
Pero nunca volveré a construir una casa donde un día decidí recoger los escombros.
Porque yo sí respeto mis decisiones.
No las tomo para probar suerte.
No las tomo para dar lecciones.
No las tomo para llamar la atención.
Las tomo porque entendí que una vida vale demasiado como para desperdiciarla dudando.
Hay personas que dicen "para siempre"
hasta que aparece una emoción nueva.
Yo digo "se acabó"
solo cuando ya no existe una sola razón honesta para quedarme.
Y esa diferencia pesa una vida entera.
Nunca fui difícil de perder.
Fui imposible de reemplazar.
No porque sea perfecto.
Sino porque nadie siente las cosas con la pasión con la que yo las siento.
Nadie pelea con la terquedad con la que yo peleo.
Nadie cree con la fe con la que yo creo.
Mi defecto siempre fue el mismo:
amar como si todo pudiera salvarse.
Mi virtud también.
Pero cuando descubro que ya no hay nada que salvar...
ni Dios logra convencerme de regresar.
Porque mi última decisión
no busca tener razón.
Busca poder dormir tranquilo.
Y esa paz... esa paz no la cambio por ninguna nostalgia.
Ni por ninguna disculpa.
Ni por ningún "esta vez será distinto".
Hay quienes regresan porque extrañan.
Yo no.
Yo nunca vuelvo al lugar donde tuve que convencer a alguien del valor de mi presencia.
No soy el hombre más fácil de encontrar.
Y ese nunca fue mi orgullo.
Mi orgullo fue convertirme en alguien imposible de olvidar.
Porque hay personas que dejan recuerdos.
Yo dejo versiones de ti que ya no vuelven a existir.
Después de amar a alguien que vive con esta intensidad,
la tibieza se siente como abandono.
No es arrogancia.
Es experiencia.
Nunca entendí a quienes coleccionan personas.
Yo elegía una... y apostaba como si no existiera un plan B.
Por eso perderme cuesta tanto.
No porque crea que soy irrepetible.
Sino porque nadie entrega una vida entera
como si fuera apenas el comienzo.
Hay quienes enamoran. Yo hacía hogar.
Hay quienes acompañan. Yo empujaba tus sueños como si fueran los míos.
Celebraba tus victorias con más orgullo que las propias.
Me aprendía tus miedos para pelear con ellos antes que tú.
Amar conmigo nunca fue tener un novio. Fue tener un aliado.
Y los aliados no aparecen dos veces.
...
Lo más irónico es que nunca me fui esperando que me extrañaran.
Me fui esperando poder volver a reconocerme.
Porque cada día que permanecía donde ya no debía,
dejaba de parecerme al hombre que juré ser.
Así que no...
No perdiste a alguien que te amaba.
Personas que quieran encontrarás muchas.
Perdiste a alguien que habría puesto el pecho entre tú y el mundo
sin preguntarte qué recibía a cambio.
Perdiste a alguien que celebraba tu nombre incluso cuando tú dudabas de él.
Perdiste a alguien que veía futuro donde todos veían miedo.
Y ese tipo de personas...
no pasan dos veces por la misma puerta.
Ni por la misma vida.
Ni por el mismo corazón.
Hay una diferencia enorme entre alguien que te ama...
y alguien que decide construir su vida contigo.
Yo era lo segundo.
Y esa clase de hombres,
cuando se marchan,
no dejan silencio.
Dejan una medida imposible de volver a alcanzar.
Quien me pierde,
no pierde un amor.
Pierde a un hombre que convirtió cada intento en una causa,
cada abrazo en un refugio
y cada sueño compartido en un proyecto de vida.
Eso no vuelve.
No porque no pueda.
Sino porque yo decidí que no.
Y las únicas promesas que jamás he traicionado...
son las que me hice a mí mismo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.
-4.03.52 p. m.-increased-yDSHgK.png)
Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión