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Setenta y tres pueblos, So.

Aug 19, 2026

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- Setenta y tres pueblos, So.

 - No era así, creo. Era más una medida propia. No te rías. La vieja te cebaba un mate mientras iba acomodando la masa. Para cuando te dabas vuelta ya estaba el horno prendido. Y ahí es que estiraba la mano con el dedo índice extendido que únicamente significaba una cosa: que te sientes frente a ella, que te prepares para jugar a las cartas, que sepas que las reglas se las pasa bien por el otro; o podía ser un juego para que tu vista caiga desprevenida, entonces siga la dirección como una extensión de su mano hasta tocar la sal condimentada, que nada tendría que ver con la caricia a la oreja, o a la mejilla, como tampoco al beso que cerraba el acto.

Después era un desastre, la manipulación en cada triangulito del mantel, la prestidigitación y los artilugios para siempre hacerte creer que estabas ganando. Nadie ganaba en esos juegos más que ella. Perdón, todos gananaban en ese juego pero siempre ganaba ella. No te diste ni puta cuenta y antes del enojo te encajaba una tostada, a término justo quemado en donde aparece la manteca que por algún motivo siempre tenía gusto a otra cosa. El perejil se me clavó en la garganta desde el último día. 

- Pará, mientras me contás, qué vamos a comer?

- Poné el agua, hagamos fideos. Tengo un puré de tomate y sal.

Sofía extendió la mano con cautela, agarró la olla, le puso sal. Encontró sin esfuerzo el paquete de fideos. Prendió la hornalla, puso el agua, sacó el puré de tomate del estante. Apoyó las dos manos en la mesada oscura, repiquetó las uñas mientras miraba un poco de arroz caído en el suelo. No lo juntó. Levantó la cabeza hasta la altura de la ventana en donde una maceta se sentía extrañada juntando polvo y algunas hormigas.




PibedeVictoria

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