La medicación me hace ver lo que hay entre el silencio y el ruido; es ínfimo, interno, se enrosca íntimamente como una serpiente, me acorrala durante el día y la noche, deslizándose desde el borde de mis costillas hasta instalarse en la cavidad detrás de mis ojos.
—Ya vienes —le digo.
—No vengo —me susurra—. Subo.
Me hace saber que quiero algo, no sé dónde ni tampoco cuándo, solo sé que no lo tengo ahora. No me entristece, me aletarga y a veces me desespera, me estruja, palpita en mi sien el chasquido de su cascabel. Rasga mis músculos y a latido vivo divide mi mente.
Busca empujar la tapa de una botella llena que quiere derramarse del veneno que traba mi garganta y entumece mis extremidades.
Me convierto en silencio.
Mi cabeza toca el suelo y algo sale de mí generando el vacío, un cascarón quebrado, un limón exprimido.
Los días transcurren, las horas se me escurren, los gatos me huyen, soy malabarista de un destino que no existe, transito un camino que no hay. Y aunque quisiera ser equilibrista, tiendo al ocultismo, recurro al esoterismo. Arrastro una voluntad idílica e hipnótica que flota sin suelo de realidad, bajo el techo incierto de una llamada 'verdad'.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión