¿Será que las mujeres tenemos un hombre adentro?, desde muy joven se nos adjudica con una mirada retraída en la que nos limitan lo que podemos llegar a ser como individuas, las reglas son un eufemismo de una cárcel en nuestro actuar, volviéndonos objeto de consumo, actuando de cierta forma predeterminada, nunca por inercia sino por supervivencia aprendida. Cada dieta, comportamiento, acción y actitud, es realizada desde una tercera persona, es decir: la masculina. John Berger en su obra “Modos de ver”, (1972) nos habla como la mirada masculina a moldeado la percepción y el significado de las obras de arte, en donde la mujer ha sido objetivizada perpetuándole estereotipos de género y desigualdades. Por tanto, esto no solo determina como se relacionan hombres y mujeres, sino que también como nos relacionamos con nosotras mismas.
Reflexionando sobre esto, me pregunto: ¿cuándo fue la última vez que me vi en el espejo y no lo hice con ojos de hombres?, o ¿cuándo esa voz masculina empezó a brotar en mi conciencia, disfrazada de falso empoderamiento llevándome a lugares que solo traían vacío?, y ¿desde qué momento anhelé esa aprobación enmarcada de prejuicios y atención superficial?
En la novia ladrona de Margaret Awoo, (1993) ella afirma que todo es una fantasía masculina, incluso fingir que no estamos cumpliendo una fantasía masculina; es una fantasía masculina en sí. El hacer ver que no nos importa, finir que no nos ven y actuar indiferente también es una fantasía masculina, es decir que las mujeres tenemos un hombre adentro que nos mira constantemente, fácilmente podemos afirmar que los hombres viven en primera persona y las mujeres vivimos en tercera. Lo puedo afirmar yo, y lo puede afirmar cualquier mujer que lea esto porque todas, en algún momento hemos basado algún comportamiento, gusto u actitud por agradar o llamar la atención masculina.
¿Y cómo lo podemos identificar?, Laura Mulvey, creadora de la teoría de la mirada masculina nos dice que las mujeres somos portadoras de significado y no creadoras de este. Esto quiere decir que las mujeres están puestas para ser únicamente objeto de consumo del varón heterosexual y no formar una parte relevante de la narrativa, apoyando la idea de que nuestro valor solo significa algo cuando estamos siendo observadas. Lo podemos evidenciar en películas como “El lobo de Wall Street” (2013), Transformers (2007) o incluso en la Princesas de Disney del siglo XX. En donde los hombres no son solo los héroes sino los dueños de la industrian, escritores y directores.
Entonces, ¿tú y yo estamos condenadas a ser espectadoras de nuestra propia vida e incluso esclavas de un hombre que existe en nuestra mente?, posiblemente no, el primer paso es cuestionarse ¿qué nos llegamos a actuar de la forma en la que actuamos? Y tal vez lo segundo sea ¿cómo podemos hacer de nuestro cuerpo, nuestro hogar?, y para mí la tercera, pero no menos importante sea simplemente ignorar a los hombres, no como si no existieran, pero si reclamando el lugar que por inercia debió ser nuestro. Estás preguntas en sí tienen una respuesta individual, que está atado a la realidad, y situación socioeconómica de cada una de nosotras, entendiendo que es un proceso y que vale errar, porque la verdadera equivocación sería no cuestionarnos.
Cuestionarlo a ellos (y a nosotras) - Retarlos a ellos (y a nosotras) Ignorarlos a ellos (y vernos a nosotras.
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