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SER AMABLE

Dec 14, 2025

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SER AMABLE
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Existen muchas formas de dar afecto. Hoy distinguiré al menos dos. La primera consiste en el elogio, pero no lo llamaría lisonja, hay un afán de ensalzar al otro, de llamarlo bello, inteligente, poderoso, virtuoso. Esta es la forma del afecto que exige grandeza, reconocimiento, fuerza. Es la de Zeus y Hera, la pareja todopoderosa, la que manda en el mundo de los olímpicos, es la lógica del orden y el poder, la del matrimonio y el pragmatismo. ¿Quiere usted seducir? Escoja algo brillante.

Según esta forma de ser, un hombre se deshace en cumplidos, obsequios, elogios, poemas (si es que escribe), habla de su belleza, de que es la mejor, la más digna, la más atractiva, la más sensual, la más inteligente, la más bondadosa. Y no se crea que esto es algo burdo, como repetir una frase motivacional que encontramos en una tarjeta de Tweety. Hasta cierto punto es un amor saludable y fiel al deseo: SI TE QUIERO ES PORQUE SOS BUENA.

Pero… hay otra manera. Más retorcida y dificil de comprender. Una forma humilde, modesta que combina el amor más sublime con lo doloroso. No lo llamaré humillación o violencia. Muchas personas no saben amar sencillamente y no saben relacionarse más allá de la burla, confunden el miedo con el interés, y la crueldad con el cariño. Es importante aclarar que no debemos confundir el amor ambivalente con una falta de ética que promueva la crueldad. En ocasiones la propia denigración se vuelca como un cáncer sobre los otros, y terminamos ensuciando la genuina grandeza. Se ataca no por amor, sino por miedo a ser insuficientes. La forma de amar de la que hablo es sí, a través de la burla y el sarcasmo, pero no mediante la humillación. Podemos pensarlo así: no se ataca la grandeza como en el primer género, y no por debilidad o maldad, sino porque se libra al otro de tener que cumplir con una meta exagerada e imposible. Esta forma de amar se sintetiza en “sos ridícula, pero en medio de tu tontería contemplo tu grandeza; no necesito que seas perfecta para quedarme”. Esto duele, porque violenta el narcisismo que llevamos de base. Pero irónicamente protege de la caída que siempre tarde o temprano llega.

Todos, necesitamos sentirnos vivos, fuertes, grandiosos. Si hacemos algo bien deseamos reconocimiento y suscitar admiración. Pero en este estilo de amor lo sublime se mezcla con lo bajo, lo bajo contamina capilarmente lo alto. No es que se confundan, es que no hay purificación de las escorias. LO IMPERFECTO ES BELLO. No por la mera imperfección, en efecto, lo feo es feo. Esta belleza es distinta: brilla en medio de la impureza. Es la pátina de amarillo en unos dientes, la calvicie que aparece, la ceja asimétrica, las mañas, la pretensión tierna. Esto es tan doloroso como profundamente reparador.

Epílogo, ética de la burla: una posible ética de la burla consistiría en nunca atacar si no se ofrece a cambio algo que contrabalancee lo ridículo. Ser honesto sin filtros no es amar, es ser cruel y ufanarse en que la verdad es lo primero.

Otro punto interesante: no reírse de los malvados. Aunque parezca contraintuitivo esta forma elevada de cariño cruel está destinado a los seres amados. Al malvado se lo nombra, se lo denuncia, se lo ataca, no se lo reconoce en su ambivalencia y belleza paradojal: se dice lo que es. Solo a la persona que amamos le decimos “me deslumbra tu hermosura, sobre todo cuando es vil, sencilla mundana, en una palabra: amable”.

Bonchi Est

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