Ser adulto es volver a la niñez todos los días.
Es reconocer, detrás de cada deber, una semilla de juego,
y en cada gesto serio, una torpeza que sonríe.
El tiempo nos viste de razones,
pero dentro todavía persiste
el temblor de quien mira el mundo por vez primera.
Adulto es quien finge saber,
pero que, en lo hondo, sigue preguntándose
por qué el cielo cambia de color,
por qué el amor duele,
y por qué hay días en que no basta con estar despierto.
Cada amanecer es una cuerda tendida:
podemos cruzarla con pasos firmes,
o podemos, como los niños, colgarnos de ella
y balancearnos sin miedo.
¿Será que crecer nunca fue más que aprender a recordar?
Por: Giunico
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Giunico. Todólogo y opinólogo. El filtro para el café, no para las ideas. Esto no es una cátedra, ni una redacción obediente: es una charla de café por escrito. Córdoba, Argentina.
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