No es que no tenga sentimientos, es que no se me hace fácil expresarlos. Me cuesta decir un “te quiero” o un “te amo”, incluso algo tan simple como abrazar a alguien sin sentir cierta incomodidad. A veces me siento extraño, incluso débil, por no poder demostrar algo que la mayoría de las personas expresa con tanta naturalidad.
Es raro sentir cariño sin ser cariñoso. Es raro querer y no saber cómo demostrarlo. Es aún más extraño amar a tu propia madre y no encontrar la forma de expresarlo. Todo se queda dentro, guardado, en silencio. Y, sin embargo, cuando escribo, siento que puedo decir más de lo que soy capaz de mostrar en persona. Es como si las palabras escritas fueran el único lugar donde mis sentimientos pueden respirar.
Me emociono con facilidad, pero por dentro. Por fuera, muchos podrían pensar que soy una persona fría, distante. Pero no es así. A veces, incluso, me sorprende que con personas que recién llegan a mi vida puedo mostrar lo que siento con más facilidad que con quienes siempre han estado.
Hace poco volví a ver a alguien después de muchos años. Sentí lo mismo: esa mezcla de soledad, de afecto guardado, de ganas de decir lo que siento. Me costó mucho, pero lo hice. Y aunque no sé cómo lo tomó esa persona, para mí fue un gran paso. Me sentí bien… realmente bien. Fue como liberar algo que llevaba mucho tiempo dentro, y por un momento, dejé de sentirme tan limitado.
A veces me pregunto por qué soy así. En qué momento de mi vida aprendí a ocultar lo que siento y a acostumbrarme a esta soledad emocional. No sé si fueron los acontecimientos que viví, las decepciones amorosas o simplemente las experiencias que me fueron marcando con el tiempo. Es una pregunta que me hago constantemente, y aun así, no encuentro una respuesta clara.
Creo que no soy el único. Debe haber muchas personas que se sienten igual: tratando de ocultar algo que en realidad no somos, aparentando ser fuertes cuando por dentro todo es distinto. Tal vez en casa nunca aprendimos a demostrar cariño. Quizás nuestros padres tampoco supieron hacerlo, o simplemente no lo mostraban. La separación, los problemas, las experiencias de la infancia… todo eso va dejando huellas que uno no entiende en el momento, pero que con el tiempo definen quién eres.
Son preguntas que muchos nos hacemos: ¿por qué?, ¿en qué momento cambió todo?
Y aunque esta historia parezca extraña, encontré una forma de liberar lo que llevo dentro. En mi diario, al que siempre recurro cuando me siento solo, triste o molesto, logro soltar todo lo que no puedo decir en voz alta. Es ahí donde descargo mis emociones, donde dejo de guardarme todo… y donde, por fin, puedo ser yo.
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