Mi corazón se mantiene sumergido en los sentimientos que creamos aquel verano. Enamorado, asustado, encantado e hipnotizado. Tenía miedo; en realidad, todavía lo tengo. Jamás imaginé convertirme en alguien tan devoto, porque, aunque las palabras fueron inexistentes en aquel instante en que nuestras almas se conectaron, lo fui. Agradecí al universo, a la vida y a usted. Recé para que nunca existiera un final, pero fracasé. Renuncié a la entrega de mi ser y, pese a todo este tiempo, puedo decir que todavía le pertenezco. En mi cuerpo, alma y corazón sigue tatuado su nombre, mi señorita de sonrisa encantadora.
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