¿Cuántas capas de pintura se necesitan para tapar un nombre en la pared? ¿El olvido es una elección o un accidente?
La memoria se nos está quedando flaca. Estamos simulando un prototipo de amnesia que solo resuena cada 24 de marzo. Una verdad invisible que, aunque no se vea, ocupa un lugar; porque el olvido no es un vacío, sino la decisión de mirar para otro lado. Una justicia ausente, cómplice de cada pregunta sin responder, como si el sufrimiento colectivo fuera una mercancía: vendemos el silencio a cambio de comodidad.
Sin embargo, el nombre en la pintura sigue estando. Porque aunque le pasen mil manos de pintura, la pared sabe lo que oculta; conoce la incomodidad que genera esa presencia.
Aun así, seguimos luchando para no perdernos. Porque estamos, porque nos tenemos. Luchamos para darle de comer a esta memoria, porque sin ella, simplemente, no tenemos patria.
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