¿Se puede dibujar con el roce de los dedos?
Yo creo que sí.
Porque mi corazón aprendió a latir en exagerado
desde que tus manos me encontraron.
Tus intentos de perderme en tus ojos no fallaron.
Me perdí.
Pero no en tu mirada...
me perdí en el mapa que trazaste en mi espalda.
Letra por letra escribiste tu nombre...
y cada curva me quemó como si fuera tinta mezclada con fuego.
Después vinieron roces.
Delicados, casi crueles,
dibujando imaginación en la comisura de mi boca
con la yema de tus dedos.
Yo te miraba.
Con hambre, con ansiedad,
rogándote en silencio:
_hazme arte con tus manos_.
Y lo hiciste.
Me hiciste arte.
Y te dejé quedarte a admirarlo.
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