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Se fue para volver

Montilú

May 27, 2026

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Se fue para volver
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Marcó cada número de la guía telefónica, más de la mitad dieron ocupado, el resto respondió: "No, equivocado". Agarró un mapa y marcó una equis en el punto más lejano, supuso que todo lo que está escondido debe estar alejado, sino sus ojos ya lo hubieran captado. Armó una simple mochila con una botella de agua, un lápiz y un cuaderno; se la puso en las espaldas, se subió a su antigua moto modelo 2001, chiquita y algo oxidada, y partió. 

Si bien los días contenían 24hs, en su cabeza cada hora era un minuto y cada día una hora. Se olvidaba de su nombre y su edad, casi no percibía la diferencia entre sentir y respirar. Sus manos se aferraban al manubrio y solo eran ella y el viento quienes existían en aquel largo trayecto. Los autos se desvanecían, solo aparecía un camión transportando madera o algún producto químico, pero a los días ya no quedaba nadie. La luna iluminaba su mirada y si alguien la hubiese visto habría notado un extraño destello rojo en sus pupilas dilatadas. Había algo raro en ella, algo interno y personal que nadie podría descifrar, harían falta años y severas historias que ni ella misma ha podido decodificar.

Fue cargando combustible hasta que ya no hubo lugar para hacerlo, su tanque solo resistiría unos breves quilómetros más. Para la medianoche, la moto dio su último respiro dejándola varada junto a una zona desértica, inhabitada. Tomó el mapa de su bolsillo trasero y comenzó a caminar. No, no tenía miedo, alguna certeza ancestral y mística le hacía saber que nadie le haría daño, que inclusive nadie estaba en ese lugar. Aquella zona le pertenecía a ella. Solo estaban la tierra, el inmenso cielo oscuro y los sonidos intermitentes de grillos indicándole por dónde caminar. 

Cuando el sol comenzó a despertar y el cielo fue brindándole un agradable tono rosado embebido en naranja y celeste, ella supo que era momento de parar. Se quitó la mochila y recordó cómo respirar. Qué lindo se sentía. Era como si no hubiera tomado aire en años. Algún pájaro se animó a cantar, pero la realidad es que nadie quería interrumpir semejante momento de descubrimiento personal. Verán, ella no encontró un tesoro, o algún otro ser (humano o animal) a quien abrazar; encontró algo más. Notó que las puntas de sus dedos comenzaban a cosquillear, su garganta pedía a gritos ese elixir fresco y transparente que ella guardaba en su mochila y al beberlo se sintió como si todo su interior cantara, como si la vida se encontrara dentro de ella, como si ella fuera creadora de algo inmenso y todo eso haya estado contenido en su interior por años, pero recién ahora empezara a despertar. Sus músculos se extendieron, sus pulmones se hincharon. Ella casi sentía que podía levitar, o volar o comenzar a rebotar. Suena extraño, pero ella empezó a ser algo más que algo simple, explicable, entendible, razonable.

Hoy por hoy no la vas a encontrar, pero eso no importa, porque ella ya se encontró, y creo que eso es lo que más importa.

Montilú

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