Saturación
No siempre fue tristeza.
A veces fue cansancio acumulado, decisiones postergadas, palabras tragadas.
A veces fue seguir, seguir, seguir… cuando el cuerpo ya pedía pausa.
Me enseñé a comparar mi dolor.
A decirme que no tenía derecho a sentirme mal
porque había otros peor,
porque yo tenía techo, trabajo, comida, herramientas.
Como si el sufrimiento fuera una competencia
y solo ganara el que más pierde.
Hoy no me comparo.
Hoy me miro.
Y lo que veo es saturación.
Un límite alcanzado.
Un cuerpo y una mente que dicen hasta acá.
Reconocer que no puedo
me pesa
me duele
me da vergüenza
pero también me libera.
No es depresión diagnosticada,
no es una etiqueta,
es un estado:
estar al límite de mí misma.
Permitirme sentir esto
no me hace débil.
Me hace honesta.
Tal vez esta sea la grieta
por donde empiezo a elegir distinto:
mis vínculos,
mis tiempos,
la forma en que me hablo,
la forma en que enseño a mis hijos
a escucharse.
Si hoy estoy rota,
no es para quedarme así,
es para no volver a armarme
de la misma manera.
Este momento va a pasar.
Y cuando pase,
quiero recordar
que hubo un día
en el que tuve el coraje
de decir:
no estoy pudiendo
y aun así
seguí cuidándome.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecitoRecomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión