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SATÉLITE

May 25, 2026

19
SATÉLITE
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Dormir.

Respirar hasta quedarnos dormidos.

Aunque no creo haber entrado en fase de sueño.

Quedé varada en ese limbo casi inconsciente

hasta que el amanecer entró pidiendo permiso por la ventana.

Se escondió detrás de las cortinas largas,

pero yo le veía los pies.

.

Apoyó su frente en la mía.

Respiraba profundamente.

A mí el aire me entraba entrecortado.

Me obligué mentalmente a mantener la calma.

.

Detrás de la oreja le sobraba un mechón de pelo.

Me armé de valor y lo tomé con la punta de mis dedos.

Comencé a tejer espirales.

Infinitos espirales con su mechón de pelo.

.

Ojos cerrados. Los dos.

Sentí su mano apoyarse en mi hombro.

Una sutileza.

Se erizaron todos los vellos de mi brazo.

De no ser por la oscuridad que nos cubría todavía,

se hubiera dado cuenta.

.

Segundos. El deseo.

Su mano se deslizó por mi omóplato

hasta llegar al medio de mi espalda.

Toda la palma. Todos los dedos apoyados. Sin hacer fuerza.

Me estremecí.

Lo disimulé con fiereza.

.

Contención compartida.

Respiración entrecortada.

¿Cuánto tiempo más?

Estar tan cerca sin dejarnos llevar.

Romper el hechizo sin palabras.

.

Las rodillas se tocaron.

Espirales eternos con su mechón de pelo.

Cada vez más lentos.

Espirales entrecortados y eternos.

.

Su mano orpimió mi espalda.

Pensé que se venía el estruendo.

Pero en lugar de eso, metió toda su cara de lleno en mi cuello.

Pegó la nariz.

Esnifar o recordar

eran sinónimos a esta edad.

.

Temí que oyera el latido de mi corazón.

Tonto corazón.

Entusiasmado ante la invisible frontera entre su boca y mi cuello.

.

Todo era cómodo.

Todo era perfecto.

.

Mis dedos seguían con el mechón.

Apoyé el antebrazo en su hombro.

Aproveché la postura.

No podía tejer con el brazo en el aire

sin que me diera un calambre.

Los cuerpos se iban imantando por partes.

.

Pasar la vida entera allí.

Tímidamente tejiendo.

Con su vergüenza respirando en mi cuello.

.

No sé si era amor.

Yo ya lo amaba antes de tejer espirales en el aire.

Espirales infinitos con su mechón de pelo.

.

Y yo que soy de tocar.

Que mi lenguaje del amor son los abrazos y los besos.

Esta vez solo devolvía las gentilezas.

¡Quién me viera!

.

Ahí.

Respirándome.

Vulnerable.

En silencio.

Chocando nuestras rodillas.

Toda la mano. Toda la palma.

Todos los dedos.

.

Y yo solo podía seguir tejiendo espirales.

Con la respiración entrecortada.

.

Espirales infinitos con su mechón de pelo.

Melina Marcos

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