Mis pensamientos son un refugio incomprendido donde solo habito yo. Te he observado cruzar por mi camino día tras día, creyéndome a mí mismo que estaba bien, pretendiendo no verte. Sin embargo, ahora lo veo con claridad: eres tú, cada vez con más fuerza, quien despierta mi atención.
Tu cercanía me motiva, me entusiasma y me enloquece, demente. A veces, estás tan cerca que siento tu presencia como un roce en el hombro, una fuerza invisible que me atrae para buscarte con la mirada. Y allí estás, sentada, serena y concentrada. Eres un espectáculo desde este mi punto de vista, que para nada es ciego.
Tramaría un plan para acercarme. Es posible contarte un chiste, o hacerme el desentendido con la esperanza de que repitas, con esos labios gruesos, las palabras que quiero escuchar. Cualquier cosa con tal de que ese momento, tan breve, dure un poco más.
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