Y es que la razón es amorfa.
Se escabulle y se enreda de una forma
particularmente circular.
Como ráfagas de cristal,
el humo del tabaco.
Mareas dentro de la casa:
las persianas, azul espiral.
Como el frio que te envuelve y
el calambre de tus dientes.
Amorfa la escucho,
Circular la dejo entrar.
Me lleva hacia ella,
Circular la dejo bailar.
Pertenezco,
pero creo que pertenezco;
a la habitación donde se responden las preguntas,
donde se sabe lo que se sabe.
En el centro se quedan mis verbos,
verbos que aún sin tiempo circulares;
que sin tiempo se quedan
que con tiempo todo.
¿sabrá la razón hacia dónde ir?
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