«La canela guarda dulzura y amargor en la misma corteza; sola, raspa la lengua, pero mezclada con otros sabores, aprende a ser suave».
...
No me gusta la gente esporádica,
la que se deshace en el aire
y se dispersa como esporas al primer soplo del viento.
No me gusta la gente que se hace esporas:
hielo, polvo y espesor sobre la lengua,
palabras envueltas en canela
que se quedan pegadas al paladar.
Y a mí no me gusta la canela.
No me gusta tu presencia insoluble,
esa que no consigo diluir
aunque te arroje a todos los vasos de mi cuerpo;
tus oídos, siempre a la deriva,
ensordecidos por un mar que sólo tú escuchas,
con pequeñas perforaciones por donde se escapa el sueño.
No me gusta tu presencia
porque es egoísta.
Pero yo lo soy.
No me gusta tu ausencia,
ese modo tuyo de regresar sin regresar,
dejando en las paredes
el murmullo de reinos vencidos,
el hierro de sables que ya nadie empuña
y un eco que se niega a morir.
Sinceramente, no me gustas.
No me gustan los rayos del sol
cuando entran sin permiso
y hacen de la piel una herida,
cuando encienden la sangre
hasta llevarla a hervor.
No me terminan de gustar
tus rayos,
tu presencia
ni tu ausencia
No me gust...
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