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    saber decir adiós

    May 7, 2024

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    saber decir adiós
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    Cuando perdemos a una persona, hay muchas cosas que también perdemos en el camino: el sonido de una risa, la calidez de un abrazo (de ese abrazo), las miradas cómplices, los chistes internos, nuestro propio reflejo en la mirada del otro. Pero sobre todas las cosas, perdemos una versión de nosotros mismos, una versión que solo existía con esa persona. Como seres humanos, somos conscientes de que la existencia también supone una pérdida, y a pesar de eso, nunca estamos preparados para dejar ir, tal vez como parte de la experiencia humana y siendo, en cierto punto, egoístas. El duelo no supone solamente la pérdida de alguien, sino también la pérdida de esa versión de nosotros que no estaba preparada para eso, porque en el proceso también nos perdemos a nosotros mismos y a todas esas cosas a las que nos vemos obligados a dejar atrás. ¿Y no es acaso eso parte del proceso? El duelo implica aceptar que hay cosas que inevitablemente tendremos que dejar atrás y que nunca volveremos a encontrar en otras personas, ya que cada persona es única. Esos chistes internos ya no tendrían la misma gracia, los abrazos no serían igual de cálidos y nuestro reflejo se vería diferente en otros ojos. Es triste tener que despedirnos de esa versión que solo existía con esa persona, pues era un complemento a la existencia del otro, y más triste aún es aceptar, con dolor, que jamás volverá a existir.

    El duelo es, en otras palabras, una encrucijada de pérdidas que van más allá de la ausencia física. Se desvanecen los ecos de una risa que alguna vez llenó el aire, la ternura de un abrazo y todas esas miradas que hablaban sin palabras. Somos conscientes de que la existencia siempre conlleva la inevitabilidad de una pérdida, pero nunca estamos listos para afrontarla, nunca estamos listos para soltar, quizás porque aferrarse también es una parte intrínseca de nuestra humanidad, un mero acto de egoísmo en medio del duelo. ¿Pero qué es lo que más duele, dejar atrás a alguien o dejar atrás partes de nosotros mismos que no estaban preparadas para una despedida?

    El duelo nos confronta con la dura realidad: hay fragmentos de nuestras vidas que estamos destinados a perder, fragmentos destinados a desvanecerse de manera irreversible con el paso del tiempo. No hay esencia que dure para siempre. No todos los ojos pueden reflejar ese ser que habitaba solo en quien conocía esa parte de una historia compartida.

    En el susurro del adiós, aceptar con pesar esa versión que ya no volverá a ser, y que, aunque duela, es parte del viaje dejarla ir. El duelo es aprender a aceptar las inevitables despedidas, reconocer que, aunque nos duela perder lo que alguna vez fue, en ese vacío también encontramos espacio para la reconstrucción de nosotros mismos, y abrazar todas esas versiones que aún están por venir y mantener la memoria de las que alguna vez fuimos.

    María Paz

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