voy dibujando el destino
con birome gastada,
pero al final me dibuja a mí.
me siento un perro cansino
mordiendo su propia cola
como si ahí estuviera la salida.
rock and roll en la alfombra,
migajas de una noche larga.
qué inútil querer olvidar
si la memoria
siempre llega descalza
y se queda.
vivo queriendo rezar,
pero no sé a quién,
todas las figuras se parecen
cuando uno está roto.
hablo solo,
contesto tarde,
le pongo nombre a silencios
que no piden explicación.
flores vuelan,
se escabullen por la ventana,
como promesas mal dichas.
esa voz me habla bajito,
me dice cosas que no quiero oír,
no le doy bola
y me alejo del ruido
como si el ruido fuera el problema.
la noche se arrastra despacio,
mancha la alfombra de dudas,
y yo sigo ahí,
con música fuerte
para no escucharme.
¿qué color tiene el olvido?
¿gris?¿negro?
¿marrones como tus ojos
cuando ya no miran?
o quizas el olvido
no tiene color,
tal vez sea solo esto:
seguir caminando
sin mirar atrás,
aunque algo adentro
todavía quiera quedarse.
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