Revolución
Mírame aquí una vez más, postrada ante tus ojos, sin saber qué hay después de tu risa ni por qué mi corazón ha dejado de palpitar eternidad.
Veo cada hoja del otoño caer lentamente y me pregunto cuándo fue la última vez que tuve el privilegio de besar tus labios.
Y en esta melancolía, en este silencio absoluto, todavía resuena tu boca diciendo, con un peso que me corrompe, ‘cambié de pensamiento y me gustaría ser mamá’.
Mamá de un hijo que no será mío.
Mamá de un hijo que miraré de cerca… o quizás desde muy lejos, con los ojos vacíos y el corazón deshecho entre las manos, porque fui yo quien había soñado con vos una vida juntas y quien moría por formar una familia, sabiendo que en ese entonces no querías nada… y ahora que por fin lo querés, ya no es a mi lado.
Me quedo observando, me quedo admirando a la mujer en la que te vas transformando, sabiendo y guardando en lo más profundo de mí que en una adolescencia pude tomar tus manos, y ahora que la adultez toca nuestras puertas, todo aquello que alguna vez fue nuestro no es más que sombra y memoria, y un recuerdo indeleble que llevaré en mi pecho hasta el resto de mis días, habiendo conocido como nunca antes la manera en la que una mujer puede deshacerse de amor por otra mujer y ser revolución.
Maia Agustina Orellano Pérez
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión