Lo que me sucede es realmente interesante (Al menos para mi). He abandonado paulatinamente la mayor parte de mis actividades debido a mi condición. Se preguntará usted, Lector, cuál es esa condición? Pues bien, agradezco su preocupación, aunque usted sepa tan poco de mi como yo de usted. Debo decirle que gozo de perfecta salud por el momento.
Naturalmente, se preguntara usted entonces, cual es el motivo de el abandono de mis actividades? Tal vez cree usted simplemente que yo soy un vago. Estaría usted en su derecho de pensar de ese modo, pero permítame explicarle.
Las cosas, es decir, los objetos inanimados, resultan no ser tan inanimados. Al parecer, tienen voluntad. Tienen voluntad y la ejercen. La ejercen en contra de los seres humanos. Al menos, en contra de un ser humano en particular, que resulto ser yo.
Me levanto de la cama y golpeo el meñique de mi pie contra una pata de la cama, los cordones de mis zapatos se desatan tan pronto como minutos luego de haberlos atado, las lapiceras explotan manchando mis manos o el bolsillo delantero de mi camisa.
Quiere que continúe? Los vasos se rompen, las cucharas desaparecen, los fósforos se parten o salen volando al encenderse, el agua se hierve muy rápido o tarda muchísimo en calentarse.
Los focos se queman, la luz se corta, el volumen de la TV se sube inexplicablemente, las prendas se encogen al ser lavadas. Hace falta Lector, que le recuerde de que lado caen las tostadas? Recuerda usted, Lector, sus ultimas interacciones con impresoras?
Es evidente que en este punto usted comprenderá, Lector, que las cosas están en contra de los seres humanos, en particular, en contra mía. Hay una teoría filosófica llamada Resistencialismo que me ampara.
Este es el motivo por el cual me he rendido ante la fuerza de voluntad de los objetos utilizada para atentar en mi contra y he detenido prácticamente todas mis actividades.
Pero, en mi flamante nuevo tiempo de ocio, he llegado a un nuevo pensamiento aterrador. Podría dudar de mi mismo y de la evidencia empírica que he recolectado, es decir, negar mi realidad, y decir que las cosas, los objetos inanimados, son efectivamente inanimados y que yo estoy equivocado de alguna forma que no llego a comprender del todo.
La respuesta sería, que hay “algo” que controla las cosas, en mi contra. Que podría ser ese algo estimado Lector? Evidentemente, un sujeto, un sujeto perverso. Este sujeto experimenta un goce retorcido utilizando los objetos que creo poseer en mi contra.
No puedo, o no quiero, admitirlo aun. Podría creer usted, Lector, que sufro de delirios de grandeza. Debo recolectar mas evidencia de alguna forma, y lo mantendré informado, Lector, quédese tranquilo.
Lo que creo que sucede, es que estoy a merced de alguien que moldea mi realidad. Soy un mero personaje. El capricho de un escritor perverso.
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