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Resiliente

Aug 24, 2024

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Resiliente
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Creí en tus historias, en tus ojos de cielo, en tus palabras cargadas de dulce fantasía, en la fuerza de tus brazos rodeando mi cintura. Me hablaste de la belleza que encerraba la luz de las estrellas pero olvidaste lo grande que es la luna.

Creí que realmente yo era algo para tí y que quizás podría ser quien ocupara gran parte de tus pensamientos. Como un pequeño gato que ronronea mientras aguarda paciente su gran tazón de leche fresca, al que luego saborea y disfruta relamiéndose; esperé a tu lado a que me vieras, a que sonrías porque siempre estuve ahí esperando por tí. Hasta que la decepción volvió a mi imagen difusa, apenas visible, hasta que desapareció sin que siquiera lo notaras. Fue entonces cuando la pena comenzó a acecharme y se volvió una sombra oscura y cruel que me persiguió hasta que se apoderó de mí.

Creí en palabras vanas, en halagos sin sentido, en falsas sonrisas y me perdí. Me perdí en sueños mentirosos y en supuestos sinsabores de una vida mediocre, quedando atrapada e infeliz sin poder escapar para encontrar el verdadero amor porque, para ti, yo valía más que eso.

Fui envuelta en una espesa niebla de incertidumbre, cargada de miedo y decepción. Traté en vano de oír tu voz, busqué tu mano a tientas para que me rescates pero fue imposible, te habías ido en busca de tus sueños de tierra nueva y me habías dejado atrás.

Como a un hermoso ramo de camelias en un florero posado frente a la ventana, me admiraste y halagaste cada día, hasta que se volvió aburrido para luego simplemente olvidarme. Poco a poco comencé a marchitarme hasta secarme y así el amor que una vez había sentido también murió dentro de mi.

Finalmente encontré la luz entre mis manos. Supe que el amor propio era el más puro y el que me salvaría de un triste final. Me levanté de mi letargo y me rescaté de la niebla. Vi por fin la luz del sol y sentí el renacer de mi corazón.

Arrojaste al olvido el ramo de camelias marchito y seco, pero las semillas se mezclaron con la tierra y echaron raíces. El sol las abrazó con su calor, la lluvia las regó y poco a poco se convirtió en una hermosa planta llena de flores; solo que más hermosa, más fuerte y más vibrante.

Entonces, llegará el día en que voltearás a verme y notarás que ya no soy la misma. Querrás volver a saber de mí,  pero será tu propia pena la que te persiga como una sombra. No encontrarás consuelo en tu soledad y soñarás con tenerme de vuelta. Será entonces, en mi resiliencia, que habré sanado mis heridas, habré conquistado mis miedos y habré aprendido que no necesito de ti para ser feliz.

Camila Foresi

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