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Reseña "Estancias" de Alicia Ortega Caicedo.

Aug 17, 2026

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Reseña "Estancias" de Alicia Ortega Caicedo.
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Hay una especie de magia en los libros que resuenan profundamente contigo, que tocan fibras sensibles que no sabías que tenías hasta que las sientes doler, que caen en tus manos sin que esperes absolutamente nada de ellos y cuando te das cuenta, en sus páginas encuentras un consuelo.

"Estancias" es un libro amigo, de esos pocos con los que mantienes un diálogo, uno a pasos de tortuga, que te cuestiona y te enfrenta, que muchas veces pesa sobrellevar, pero al que sin importar cuanto tiempo pase, puedes regresar y encontrar mucho más de lo que lo hiciste por primera vez.

Comencé a leerlo en marzo de este año con ninguna expectativa, y a penas terminar las primeras diez páginas ya estaba encantada. Me acompañó en todas las noches media hora antes de dormir, en las madrugadas cuando no podía conciliar el sueño temprano, incluso cuando la lectura se ponía pesada por los temas que tocaba y tenía que pasarme a otro libro para no deprimirme gracias a la tormenta de pensamientos que creaba en mí o cuando abandonaba la lectura por varias semanas, estaba ahí, a un costado, esperando a que volviera a estar lista para continuar. Fue demasiado oportuno en llegar justo cuando estaba pasando por varios cambios significativos en mi vida, en los que me volvía vulnerable y se convirtió en una lectura importante, tanto así que me acompañó en mi primer viaje fuera del país, viaje del cual todavía no regreso, porque sentía que si no lo tenía a mi lado en algún momento delicado, no encontraría su consuelo en nada más.

"Estancias" fue para mí mucho más que un objeto. Justamente es una temática de las que aborda la autora, sobre las cosas diminutas que nos rodean estando en lugares distintos, en momentos diferentes de nuestras vidas, tanto emocional como físicamente. Los objetos y cuerpos inertes cobran vida en las áreas que ocupamos, crean un sentido y un significado que aporta todo el tiempo al espacio introspectivo de la autora, no son solamente objetos, no son solamente estancias. Es así como comencé a fijarme en mis objetos, en mis espacios, en la esencia que he dejado en cada uno de ellos. Comencé a preguntarme qué es lo que ellos decían y evidenciaban de mí, qué hacía que fueran de mi pertenencia, y a su vez, qué era lo que ellos como objetos y espacios individuales aportaban a la construcción de mi persona. Incluso es un aspecto que la autora no deja descansar solamente en esos elementos, sino que los transporta a las personas, momentos y etapas que coexisten en nuestras historias personales.

Pero hay un rasgo en específico de este libro que es el punto cero, que lo desprende todo:

¿Cómo entra el cuerpo a un espacio que ya no es suyo, pero que aún preserva restos de sí mismo? Uno que resulta ajeno y propio a la vez.

El mismo título del libro cobra sentido después de unas cuantas páginas leídas. La autora profundiza en las variadas etapas y recuerdos de su vida asociándolas a las diferentes estancias por las que ha pasado, estancias que marcaron aspectos importantes de su vida y que representan quién era en ellas. Tuvo como base en su libro un sentimiento que todos hemos experimentado alguna vez en la vida: el vínculo que formamos con los lugares. Al mismo tiempo, explora el vacío de las mudanzas, y no sólo de manera literal, "mudanzas" en todas sus dimensiones metafóricas y figurativas, y además, ahonda en todas las distintas perspectivas de lo que conllevan las vueltas y partidas, el sentido de pérdida y reencuentro, de pertenecer y a la vez no. Alicia capta tan bien todas esas cuestiones que en algún punto a mí, como lectora, me asustó lo precisa que estaba siendo.

En verdad, en cada vuelta se asienta la partida.

Esta primera vez que lo he leído, bajo el contexto actual en el que me encuentro, resonó mucho con las idas y venidas, con el sentimiento de pérdida y de encuentro, con mis ideas de cambio y transformación. A pesar de que la autora lo escribió durante la pandemia, el cual es un momento ajeno a mi presente, y diferente a cómo viví mi cuarentena hace unos años, me pude ver reflejada en muchas de las ideas que comparte, porque pese a que las vivencias no sean universales, los sentimientos sí lo son, y la autora toca cada fibra en el corazón del lector sin siquiera conocerle. Es casi magia.

Y es cuando todo parece tan frágil, el momento justo en el que llega la escritura. Llega y me agarro a ella para resistir al remezón de las réplicas.

En la intimidad, honestidad y franqueza con la que escribe he encontrado verdades que yacían bajo la capa de mi superficialidad cotidiana. Esta sinceridad de la autora al escribir es explícita porque no se guarda nada de lo que se podría considerar tabú o incómodo. No utiliza palabras obscenas, grotescas o rudas para expresar imágenes o escenas pesadas y con cargas emocionales fuertes. Su pluma, narre lo que narre, es fiel a lo que quiere decir. Estas cualidades son algo que admiro mucho en los autores, no todos pueden desnudar sus más íntimas verdades a sus escritos. Personalmente, pienso que la escritura tiene un gran peso, es un ritual sagrado entre el escritor y sus profundos pensamientos, que muchas veces prefieren preservar en sus adentros. La escritura es catártica, secreta, privada, un lugar seguro en el que todo queda registrado y sellado para quien lo escribe, y la autora lo sabe. Por eso es que el que ella sea tan transparente, y que en las páginas plasme las alegrías, preocupaciones, miedos, inseguridades, remordimientos, reflexiones, recuerdos y tristezas de su alma formó un lazo con la mía.
Es por eso que me gusta que el libro no sea catalogado o encasillado en un solo género o manera de escribir. ¿Cómo toda esa amalgama de emociones, pensamientos y memorias podría tener una clasificación? Va más allá. Toda su autenticidad la portan las ideas desordenadas pero firmes al terminar un capítulo, las experiencias narradas que parece que no son importantes hasta que armas las piezas de lo leído, la pluma tan honesta, a la vez fluida y desinteresada de la autora, pero intensa y contundente al momento de transmitir el mensaje o la sensación deseada. Ese perfecto equilibrio entre lo intencional, lo planeado y lo espontáneo.

Ve con tu muerto sobre tus hombros y échalo en la ría con una cruz amarrada a su cuerpo. Esa cruz en la ría que acompaña a los cuerpos asesinados es ya desde hace mucho nuestra seña de identidad.

Alicia Ortega no sólo utiliza su escritura para reflejar y confrontar, también lo hace para representar y concientizar, para defender sus ideales, para visibilizar temas y detalles que son socialmente importantes, algunos de ellos como las múltiples situaciones que se dieron durante el encierro gracias al covid-19 (el colapso de los hospitales; la falta de medicamentos para los pacientes; las muertes desgarradoras; la impotencia, frustración y el dolor de las familias...), o también hacia la figura femenina, celebrando la feminidad y la sororidad, la relación de nosotras con las otras mujeres que forman parte de nuestras vidas. La autora valida y conmemora nuestras luchas, círculo, fuerza. Además de expresar con orgullo cómo somos los ecuatorianos, desde nuestras calles hasta nuestras culturas. Esos aspectos para mí son los más destacados en cuanto a cómo usa la escritura y sus herramientas para algo más que sólo escribir metáforas bonitas, porque aunque lo hace, busca que esas metáforas profundicen más de lo que ya aborda.


Arelys Valdiviezo

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