Más que sólo un diario, es una aventura compartida, y un testimonio realista.
Directamente hablaré de los personajes porque toda la trama está fuertemente vinculada con el desenvolvimiento de estos.
Maya Vidal es una adolescente californiana de diecinueve años. A inicios del verano se encuentra en Chiloé, una isla al sur de Chile, el cómo llegó ahí es un enigma del cual ella misma nos sacará a través de las narraciones en su diario.
La infancia de Maya fue agitada, su madre la abandonó en la puerta de sus abuelos cuando era una bebé y su padre era un piloto más ausente que presente, por lo que, sus abuelos se convirtieron en sus padres. La criaron y consintieron, llenándola de amor y calidez. Su abuela Nini, la educó con sus costumbres chilenas, y su amado abuelo Popo, con su amor por las estrellas y la lectura. Maya creció bien, en un hogar en el que nunca le faltó nada, había pasado a ser una adolescente, y justo cuando menos lo esperaba, su Popo, la persona que más amó desde que era una niña, falleció.
Con la muerte de su abuelo, Maya sufre un cambio drástico en su personalidad. Su Nini se hundió en su propio duelo y no advirtió lo sola y enojada que se encontraría su nieta. Maya sentía ira contra todos porque, a su modo de ver, el mundo le había dado la espalda a ella y a su dolor. Bajo ese sentimiento, no tomó las mejores decisiones. Se hizo amiga de las personas equivocadas que no la llevaron a los mejores lugares. Comenzó a robarle a su abuela para comprar drogas y alcohol, a mentir y extorsionar. Maya tuvo un accidente a los dieciséis estando ebria, fue a parar a un hospital, y no mucho después a un centro de rehabilitación en Oregón.
Habiendo cumplido la mayoría de edad, escapa de ese lugar que consideraba cárcel, sin contactarse con nadie de su familia, sin un paradero fijo. Desde ese momento, en las calles, Maya es conducida a la etapa más baja de su vida. Confió en un hombre que la secuestró y se aprovechó sexualmente de ella. Aquel gusano viviente, la dejó tirada en Las Vegas, donde un mafioso la reclutaría para traficar drogas. Este mafioso llamado Brandon Leeman, le da una nueva identidad a Maya, bajo la cual ella hace los recados. Durante los meses que pasó en Las Vegas, no vivió mal en cuanto a vivienda y dinero del cual beneficiarse, pero su relación con las drogas y el alcohol empeoró, convirtiéndose en una adicta. Fue un tiempo antes de cumplir diecinueve que, siendo la mano derecha de Leeman, se entera del delito de grave categoría en el que está involucrada con su jefe: falsificación de dinero. Es en ese momento en el que Maya comprende que ya no se trata de un juego, que debe escapar de Las Vegas lo más pronto que pueda y regresar a casa. Leeman al revelar la secreta ubicación de la fortuna falsificada con Maya, es traicionado y asesinado por sus anteriores socios, que ahora están en búsqueda de la protagonista. Al escapar de sus enemigos, se refunde en los lugares más oscuros de la ciudad del pecado, donde se convierte en vagabunda, y pierde su dignidad más de una vez a voluntad propia por conseguir un trago, o unos gramos de droga, viviendo enferma, perdida, y triste. Por obras de la vida, Maya se recupera de su adicción como puede con ayuda de un grupo de viudas y de una amable enfermera, quienes se contactan con su Nini, y esta, en un parpadeo llega al paradero de su nieta. Su abuela, preocupada por la seguridad de Maya, la envía con un viejo amigo en Chile, Manuel Arias, a una isla en la que nadie la podría encontrar.
Maya es una protagonista intrigante, así como, dolorosamente cruda e identificable, y eso es lo que más podría llegar a aplaudir de esta obra. Poco más y sentía que me la podía encontrar por la calle. Su personalidad, sus decisiones, las etapas de su vida, todo en la construcción de su personaje hace que se sienta tangible a los ojos del lector. Si bien hay algunos tintes de fantasía y ficción en esta novela, son compensadas con la carga realista de sus personajes y vivencias.
A pesar de que había interiorizado en sí todo Chile por medio de su abuela desde niña y tener la sangre corriendo por sus venas, su apariencia y actitud son todo lo contrario al país ya mencionado, y es por esto, que yo creo que su alma abraza a Chiloé tan intensamente. Dentro de aquella isla, Maya se termina de encontrar a sí misma; dentro de aquellas personas que conoce, Maya sana y descubre lados de ella que no había ni avizorado. Dentro de Chiloé, se reencuentra con todo el amor y calor que habían sido arrebatados de ella cuando su Popo murió, permitiéndose salir de la coraza en la que ella misma se encerró cuando todo en su vida se desmoronaba.
En cuanto al tema de adicción a las drogas y su alcoholismo, me impresionó. No esperaba que la autora abordara ese tema en una novela ficticia, pero creo que fue una buena decisión, si bien no lo profundizó demasiado, lo hizo lo suficiente como para visibilizar estas adicciones en una mujer, puesto que, poco he leído del tema enfocado hacia la figura femenina.
Personalmente, considero que las mujeres tienen una gran brecha de diferencia con los hombres en cuanto a estas adicciones. Es verdad que cada persona lleva su propia cruz. Tanto hombres alcohólicos y adictos como mujeres bajo el mismo contexto tienen sus propias historias, sus heridas, remordimientos y errores, sin embargo, a mi parecer, la diferencia nace desde el estigma social que hay hacia las mujeres. Para nadie es secreto que hay acciones o actitudes consideradas socialmente "vulgares" en las mujeres, estas de manera inmediata generan rechazo y repudio por parte de las demás personas. ¿Qué genera más críticas, una mujer borracha o un hombre borracho? En el caso de los hombres, a pesar de ser un problema al que señalar, es más normalizado e invisibilizado que criticado, a diferencia de en las mujeres. Cuando Maya se alejó de la vida con su familia, nadie se preocupó realmente por ella, además de Freddy (personaje secundario de la etapa de Las Vegas), para las personas a su alrededor era una chica de la cual aprovecharse, y aunque Maya no era ingenua, estando bajo el efecto de las drogas era vulnerable. Cuando una mujer tiene estas adicciones es más señalada que ayudada. Se señala su dignidad perdida, su rol de "dama perfecta", y todas las cosas que vienen como secuelas de esto.
La situación de Maya no es la única que la autora visibiliza. También hace alusión al aborto legal, y manifiesta su preocupación por la protección de las mujeres contra las violaciones, tanto fuera como dentro del entorno familiar, y la violencia doméstica.
Una vez que Maya pasó la etapa de la abstinencia, que dicho por ella fue lo peor de su drogadicción, fue consciente de que sus adicciones le pasarían factura en muchos aspectos de su vida, siendo ellos monstruos acechándola y que regresarían a devorarla cuando ella bajara la guardia. Pero sobre todo su mayor arrepentimiento se presentó ante ella cuando conoció a Daniel, un mochilero egresado como psiquiatra que venía desde Seattle, este se quedaría en Chiloé unos días antes de ir a Brasil. Maya se enamoró perdidamente por primera vez, experimentando todas las emociones que la ahogarían en todo el amor que pensó no podría regresar a ella. Estando enamorada de Daniel, sintió las consecuencias del más profundo remordimiento de su pasado: haber intercambiado su cuerpo por drogas y alcohol. Daniel eventualmente la ayudaría con esto, pues nunca la juzgó ni rechazó, nunca la tocó con asco en el nido de amor que compartieron esos días en Chiloé. Y a pesar de que su romance no continuó después de que él abandonara la isla y regresara a su vida cotidiana, Maya siempre quedó agradecida de que él hubiera curado una de las heridas que más tenía abandonada por vergüenza.
Manuel fue otra de las figuras que más ayudó a Maya. Él fue lo más cercano a su Popo, aunque para ella nadie se podría comparar con su abuelo. La relación de ellos dos me pareció muy entrañable, siendo desconocidos construyeron un vínculo muy afectuoso, vinculo que los salvó a ambos de sus remotos demonios, sobre todo a Manuel.
Aquel antropólogo se especializa en pueblos indígenas de Chile, pero durante las últimas décadas de su vida se ha reservado y escondido en su casa dentro de la pequeña isla. Manuel representa en la novela el directo acontecimiento del golpe militar de 1973 en Chile, pues, conecta de esta forma el personaje con la memoria histórica y política del país. Él fue uno de los perseguidos y torturados por la dictadura debido a su posición política y su trabajo intelectual. Este episodio traumático de su vida desató su claustrofobia y marcó su personalidad fría, reservada y desconfiada. Maya, al descubrir su doloroso pasado, le ayuda a sanar el alma, y acompañarlo a sobrellevar ese peso día con día, hasta que un día, llegase a ser liviano.
El tema del presidente Allende, el golpe militar y de la dictadura de Pinochet fue muy frecuentado en la obra. En gran parte porque involucra a Manuel y su pasado, el cual Maya quiere reconstruir mentalmente para comprenderlo y ayudarlo, pero también por Chile mismo. Es innegable que es una de las cicatrices más recordadas del país, así como una etapa oscura del mismo. Si de mi opinión se trata, nunca voy a estar del lado de la violencia hacia las personas, peor si de abuso del poder por militares hablamos. Revisando estos acontecimientos me quedó claro que, pese a las trabas en la presidencia de Allende, el odio despiadado hacia quienes estaban de su lado ideológicamente hablando, no está justificado. Y sí, fueron las circunstancias por parte de múltiples individuos, tanto externos como internos, que orillaron a los chilenos a una desesperación y cólera masiva, pero para mí ninguna postura política o ideológica merece torturas crueles y muerte de inocentes. Las torturas que se practicaron durante el golpe militar fueron realmente atroces e inolvidables para quienes las sufrieron. Por ejemplo, Manuel desarrolla su claustrofobia debido al espacio cínicamente reducido y oscuro en el que estuvo atrapado, desnudo, maltratado y malnutrido por meses en la Villa Grimaldi, uno de los principales centros de detención y tortura de la DINA; también, las pesadillas que frecuenta son una combinación de gritos desgarradores y noches sin dormir, lo cual con el tiempo afecta seriamente su sistema nervioso y desarrolla la enfermedad de Parkinson. Así como Manuel hay muchas personas a las que esas experiencias les dejaron cicatrices imborrables y que les acompañaran de por vida. En la novela se ve cómo treinta y seis años después, es una conversación que casi todo el mundo intenta evadir en medida de lo posible.
La abuela de Maya, Nidia, es de nacionalidad chilena. Después de enterarse que su esposo, Felipe Vidal, fue asesinado en la Villa Grimaldi escapa del país con su hijo rumbo a Canadá. Lejos de todo el caos y dolor que representaba su país natal, Nidia se permite empezar de cero con su vida. Pronto en uno de sus trabajos conoce al abuelo de Maya, Paul Ditson II, y el resto es historia. Después de la muerte de su esposo, Nidia queda totalmente cegada en su duelo, tocando fondo en una profunda depresión, de la cual se recupera con el pasar de los años.
Para mí el personaje de Nidia es la ilustración del migrante. De personas que con un agudo dolor en el corazón deben dejar su tierra por circunstancias fuera de su control y que les obligan a hacerlo. En el caso de Nidia, nunca olvidó sus raíces, a Maya le inculcó toda la cultura chilena que pudo, sin destacar nada del desconcierto que ocurría en su país mientras su familia se encontraba lejos; y tampoco se avergonzaba de representar a su patria. Seguía hablando con su acento y en español, mantuvo sus costumbres, su personalidad y forma de ser, nunca se perdió a ella misma por haber dejado Chile atrás.
De lo poco que he leído de Isabel Allende siempre me habían hostigado las descripciones excesivas que a mi parecer eran innecesarias en su redacción, y este libro no fue la excepción durante las primeras cien páginas, sin embargo, me encontré con la agradable sorpresa de que una vez acostumbrada a ello, no me obstaculizó para nada el resto de páginas que me quedaban por leer como en otras de sus obras. Esas descripciones que parecen interminables construyen una base de complicidad con el lector, de saber cada pequeño detalle. Es así, como a lo largo del texto gocé en su gran mayoría de estar enterada de todo acerca de los personajes y de la historia que estos estaban llevando. Personalmente, a diferencia de otras lecturas que he tenido de ella, en esta me encantó la experiencia por la que las palabras de la autora me supieron guiar. Aunque los tiempos en los que narra Maya se trasladen entre su presente en Chiloé y el pasado que la llevó ahí desde Estados Unidos, no se siente una molestia por estos flashbacks, o los cambios de un tiempo a otro, de hecho, como lectores somos trasladados a ellos de manera muy fluida.
Me gusta que el relato de Maya haya iniciado estando en Chile. Eso me hizo querer saber qué la llevó allá, por eso cuenta todo su pasado, y a la vez el presente. Cuando llegué a la razón de su estadía exiliada en esa isla sureña, mi atención y curiosidad como lectora no disminuyó, porque desde ese instante quise saber qué iba a pasar más adelante. Eso es lo bueno de tener una narración en la que los hechos del pasado se intercalen de buena manera con los hechos del presente y sumerjan al lector.
Allende usa a Maya en su relato como una persona que lo recuerda y quiere expresarlo todo. Se podría decir que es una narradora que está hecha para hacerle saber todo al lector (como una especie de narrador omnipresente, pero en primera persona, haciendo saber cada detalle de todo y todos tanto en pasado como presente). Está muy bien logrado y justificado por qué Maya sabe tanto. La autora lleva el hilo de la historia de forma interesante, al ser narrado y escrito como el diario personal de alguien, tiene mucho sentido que a veces la protagonista se vaya por las ramas, cuente detalles que parecen insignificantes y sus más profundos pensamientos, a pesar de ser así, no pierde la secuencia coherente de todo lo que pasa, a veces hasta me olvidaba que estaba leyendo un diario.
La novela es una carta de amor a Chile, a las mejores y peores partes de este. La autora nos presenta una perspectiva llena de amor hacia el país, a través de sus palabras se dan a conocer todas las costumbres, la cultura, y el ánimo de la gente que habita ahí. Desde la posición de Maya, una chica de descendencia chilena pero que nunca había estado en el país antes, podemos ver de primera mano la sanación que la recorre estando ahí, en esa isla. Palpamos cómo llega siendo una desconocida que pocas ganas tenía de estar en ese lugar, a enamorarse de la isla y llenándose del cariño de la gente que conoce. Tanto es el afecto que nace en ella, que de a poco adopta en su vida y personalidad las tradiciones de las que antes se quejaba. Acompañándola en su viaje, también personalmente, de una u otra forma, se emprende uno.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión