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Reseña "Bajo la Puerta de los Susurros" de T.J Klune.

Mar 16, 2026

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Reseña "Bajo la Puerta de los Susurros" de T.J Klune.
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"Nunca es suficiente, ¿verdad? El tiempo. Siempre pensamos que tenemos mucho, pero cuando realmente cuenta, no tenemos suficiente".

Wallace Price es un abogado que toda su vida ha sido insensible, egoísta y frívolo. Un hombre que no conocía más que el bufete donde ejercía. Luego de un largo día de trabajo se despierta en un extraño lugar para él: Una iglesia. Y en el cartel de la entrada anunciaban su funeral. Nadie lo podía ver o escuchar. Lleno de furia y confusión reclama a los pocos que habían asistido al evento, estos fueron sus socios y ex esposa, quienes no derramaron ni una sola lágrima por la pérdida, al contrario, parecía que su muerte hubiera sido un alivio para todos. Es entonces cuando una mujer de cabello negro y piel pálida se acerca a él. Se presenta como Meiying: su Segadora, quien lo llevará a la estación de paso "Charon's Crossing". Durante el trayecto Wallace se muestra reacio a aceptar que él ha muerto, aunque no entendía la situación del todo, pensaba que era una pausa peculiar en su vida, que tendría que hablar con la persona a cargo de toda esa farsa y así regresar a su rutina. No pasó así. En su lugar, se encuentra con una tienda de té, una gran casa de cuatro pisos apilados, que se mantenía en pie a pesar de su construcción anormal. Conoce a Nelson, un anciano burlón, y Apollo, un perro muy animado. Ellos eran como él, habían muerto. También conoce a Hugo, el Barquero, su guía. Hugo le explica a Wallace que cuando se sienta preparado, en el último piso de la casa lo esperaba una puerta que lo llevaría "al más allá". Una puerta que, al cruzar, lo guiaría a la paz. Wallace negado, escapa de la tienda de té sin saber lo que esto conllevaría. No llega demasiado lejos, pues al poco tiempo comienza a desintegrarse y se choca con alguien que intenta perturbarlo, Cameron: Un alma perdida y corrompida, un muerto a la final, pero no como él. Regresando a la tienda de té, Wallace comienza a interpretar su panorama diferente, ya no con enojo o resignación, sino con adaptación y aceptación. Los días pasan y aprende los beneficios de ser fantasma, a mover cosas, a cambiarse de ropa instantáneamente, etc. Wallace había cambiado, no era más quien solía ser en vida. Ha realmente conocido a todos quienes ahora habitan con él, y se ha encariñado tremendamente con ellos, en especial con Hugo. Se sentía como familia, como un hogar y una nueva oportunidad. Aun así, sabía que el algún momento tendría que cruzar, como todos los demás que llegaron antes que él, y los que llegarían después, pues era sólo una estación de paso. Tarde o temprano pasaría, pero todavía habría tiempo para eso, ¿no? Pasado un mes desde la estadía de Wallace, ante él se presenta el Gerente, un ser de polvo y estrellas que lleva el orden de la vida y la muerte, este es muy claro con Wallace en cuanto al motivo de su visita: necesitaba cruzar, le daría siete días, no más, y él mismo se aseguraría de que Wallace cruzara por esa puerta. Se había estado quedando demasiado tiempo, más del que cualquier otro fantasma como él se hubiera quedado. Interfería con el orden y este debía ser reestablecido.

"Si esto es una estación de paso, si esto es sólo una parada en un viaje, tú eres la mejor parte".

T.J Klune creó un mundo interesante. Uno en el cual vive la idea de que la muerte física no es el final, y que hay personas con dones especiales que guiarán el alma hacia el lugar correcto y donde encuentre paz. Me parece que no es una idea descabellada, pues respalda la idea de lo que se dice cuando alguien fallece: "Está en un mejor lugar". ¿Cuál es ese lugar, el cielo o el infierno, un limbo o un purgatorio?, ¿cómo se puede asegurar que las almas encuentran descanso en él? Eso es lo que explora el autor en este mundo creado por él, nacido desde la duda de qué hay después de la muerte.
Dentro de este universo existen elementos principales que abarcan y transmiten la visión del autor: El Gerente, ser todopoderoso que mantiene el orden de la existencia y el fin de esta; los Segadores, quienes tienen un don con el mundo de los muertos, y son entrenados para convertirse en quienes guían el comienzo del viaje hacia el más allá de ellos; los Barqueros, quienes se encargan del apoyo emocional para que los fallecidos acepten su realidad y hagan las paces con los arrepentimientos de lo que fueron en vida, para de esa manera cruzar; los Husks, almas perdidas, quienes escaparon de Charon's Crossing y su humanidad desapareció, en el libro se los describe como recipientes vacíos sin consciencia; y por último, la Casa del Té, una parada, una pausa antes de tomar la decisión de cruzar. Esta se encuentra dentro de la casa de Hugo, que a su vez es una cafetería. Además de estos elementos, existen otros menores, de ellos los dos destacables son el té de Hugo y un lazo que lo conecta con sus asignados. El primero de estos es algo casi mágico, cada vez que alguien va a llegar a la tienda, Hugo les invita a compartir una taza de té que él mismo prepara basándose en lo que intuye y siente de quien llegará, una vez que el té es tomado por esta persona, asoman profundos recuerdos, cálidos, trayendo de vuelta sensibilidad y vulnerabilidad. El propósito de Hugo es ayudar y apoyar, por lo que esta herramienta de recibirlos con té, es algo especial para la experiencia de quienes están confundidos, les ayuda a relajarse y a bajar la guardia. En cuanto al lazo, es lo que mantiene a los muertos asentados en el suelo y permite que no floten hasta desaparecer. El autor utiliza estos recursos como medio para que su visión de la vida y muerte llegue efectivamente al lector, haciendo uso a su vez de personajes entrañables.

Los personajes transmiten lo que deben de manera fluida y amena. Wallace, siendo el protagonista es quien tiene el reflector más grande, pero no por eso los otros personajes se quedan detrás. Cada uno conlleva una personalidad con rasgos marcados y un trasfondo que los hace ser quienes son; cada uno tiene un desarrollo significativo en el que T.J Klune aprovecha todo lo formado y le da un sentido, uno que conlleva cambios, mejoras y evoluciones en ellos. Y ahí es cuando llega mi primer "pero" con este libro y la razón por la que no le doy una calificación más alta. Es todo demasiado lineal, demasiado estructurado, y podía ser así con cualquier otro aspecto de esta obra que lo sobrellevara mejor, pero no sé si fue la mejor elección que fuera con los personajes. A pesar de que el peso de la historia recaiga entre las conjeturas sobre vida y muerte, los personajes son un punto clave para darle una forma sólida y completa a esta trama. Y lo hacen, cumplen con ello, pero sólo eso: cumplen. Y eso no me permitió compaginar como me hubiera gustado con ellos. No hubo un "más allá" en cuanto a sus personalidades. Eran lo que debían ser, decían lo que debían decir, hacían lo que tenían que hacer. Eran humanos, empáticos y realistas, pero sólo de una manera en la que "una buena persona" debe serlo. No había un personaje que fuera gris, con matices o intermedio. Eran buenos o malos, cambiaban o no cambiaban, pero no había un punto en medio. Y el único personaje que dio atisbos de serlo, fue retirado con facilidad bajo "el poder del guion". Eso me estresó en gran parte, los personajes tenían una línea de etapas, sucesos, patrones, por los que debían pasar para tener una evolución, un cambio, con diferente ritmo, pero a la final terminaba siendo así, siempre igual. Eso en la vida real no es así, las personas son complejas, demasiado como para sólo encasillarlas dentro del mismo proceso que "todos" deben tener para llegar al mismo objetivo. Me sorprendió varias veces encontrarme confundida entre los diálogos porque las voces de los personajes se perdían, y en cierto punto, parecían toda una misma voz que podía decir exactamente lo mismo que el otro. Es cierto que me encariñé con ellos, con el vínculo que formaron, pero hacer personajes que sean queridos no significa que conectarán con todo el mundo. Me hubiera gustado que así fuera en mi caso.

Lo mismo me pasó con el apartado del romance entre Wallace y Hugo. La pareja me gustó, su dinámica igual, pero no tuvo la profundidad y el desarrollo que me hubiera gustado. Es verdad que el centro de la novela no es el amor romántico, pero la conexión que Wallace genera con Hugo es parte de su desarrollo y evolución. La afinidad que tuvieron fue lo que en gran parte tocó el corazón de Wallace y motivó un cambio en él, y al ser un punto importante, me frustró un poco que no tuviera el desenvolvimiento y profundad que se merecía.

"Vivimos y respiramos. Morimos y seguimos teniendo ganas de respirar".

Nadie percibe igual el concepto de la muerte, nadie la siente, la vive, o piensa en ella de manera similar. Los conceptos, aunque sean una generalidad, son concebidos y adaptados de manera diferente en cada persona. Por eso me pareció un paso valiente que el autor reflejara con los personajes y las vivencias de estos cómo es percibida la muerte en sus múltiples vértices. El primer acercamiento que tenemos de esto es Wallace, quien al morir exterioriza enojo y frustración. Se puede ver que niega la situación, no acepta que está muerto hasta muchas horas después, cuando comienza a asimilarlo.
Varias veces se comenta que Wallace tuvo una rápida adaptación a comparación de otras almas que pasaron por el lugar. No le tomó más de unos días comenzar a aclarar sus dudas y llevarse mejor con los demás. No le costó tanto tiempo aprender y darse cuenta del camino que quería llevar estando muerto, todo eso mientras descubría lo mejor de él, cosa que no pudo en vida. Y le gustó tanto lo que podía ser de él que quiso quedarse más y más tiempo en la casa de té. La relación de Wallace con su muerte es la versión ideal, sin haber sido tan catastrófica ni desastrosa, sin embargo, no fue la que a mí me pareció más real. Quiero pensar que el autor lo planteó de esta manera a propósito para hacer destacar aún más las diferencias que habría con el relacionamiento de los otros personajes.
Hay tres casos aún más interesantes. El que más llamó mi atención fue el de Alan. Un joven que murió desangrado entre fundas de basura de un callejón siendo apuñalado por un cuchillo en manos de su acreedor. Alan no quería morir, fue en contra de su voluntad, alguien más arrebató su vida, y estaba enfurecido por esto. No sólo tiene que lidiar con la desesperación, la negación y la tristeza de que ha muerto, sino también, con el resentimiento, el rencor, la ira, y la sed de venganza. Tras haber muerto de manera injusta, siente que toda su vida lo fue de igual manera. Alan no quería aceptar que estaba muerto, y si aceptaba que lo estaba, su objetivo no era cruzar y encontrar la paz, era vengarse de quien lo asesinó sintiendo satisfacción por esto, para luego sólo perderse. El personaje no sólo expresó con una muy mala actitud su ira e inconformidad, sino de manera un poco más física, lanzando, tirando, rompiendo cosas, e incluso lastimando a un humano. Esto alarmó a Hugo de sobremanera, pero por más que intentara llegar a él, parecía que estaba cada vez más lejos de lograrlo. Días después llegó el Gerente, y este al ver que se trataba de un caso muy difícil, simplemente obligó a Alan a cruzar, mientras este estaba inconsciente. El personaje tenía demasiado potencial para una evolución hermosa, reflejaba no sólo la parte triste y desoladora de la muerte, sino también la parte que todo el mundo prefiere evitar por incomodidad: el enojo, la ira, la frustración y la venganza. Porque cuando alguien muere las personas en la vida real no sólo expresan su tristeza, además de eso, se desquitan, se enojan, reclaman porque sienten que es injusto, lloran de la rabia, insultan al cielo, y resienten el dolor. Me hubiera gustado ver cómo se desarrollaba y resolvía su subtrama, porque a mí consideración, era de las más humanas.

Por otro lado, está el caso de Lea y por consiguiente el de su madre Nancy. Lea fue una niña que murió por una enfermedad terminal. De nuevo, es el mismo caso de una muerte que puede verse muy injusta, pues esta niña estaba llena de amor por la vida, no quería morir, pero las circunstancias no permitieron que su vida continuara. Lea al visitar la tienda de Hugo, no tuvo una reacción llena de negatividad a comparación de otros personajes. Para empezar, ella no estaba del todo consciente de que estaba muerta. En su mente, no sabía cómo había llegado a aquel lugar, así que, decidió esperar a su madre. Nancy, al contrario, se encontraba completamente devastada, había perdido a su única hija y razón de ser feliz. Consumida por la tristeza y la frustración, vivía en la constante negación de buscar a su hija en todas partes sabiendo que ya se había ido, pero sintiéndola siempre cerca. Y es así como una supuesta "médium" aprovechándose de la situación, logró estafarla dentro de la tienda de Hugo. Para hacer la historia corta, Lea seguía esperando a su madre, por lo que su tiempo para cruzar se estaba prolongando más de lo debido, y fue obligada a cruzar. Su madre, quien sentía su presencia de alguna manera en este mundo, parecía haber quedado sin alma una vez que sintió que ya no era así. Día tras día regresaba a la tienda de Hugo, sin saber exactamente qué buscaba. Hugo nunca la presionó, y esperaba a que ella pudiera decir algo, pero esto nunca sucedía y se marchaba a casa cada vez más perdida con los días que pasaban. Estos dos personajes tanto individualmente como en la formación de su vínculo son totalmente desgarradores. Lea mantenía y representaba la inocencia, simplicidad, y alegría que portan los niños, pero no sólo eso, sino la total pureza que residía en ella. Y Nancy lo devastador que significa la muerte de un hijo para una madre, que, además, gracias a su personaje, se nos muestra otra de estas perspectivas diferentes sobre el proceso de un duelo. El dolor de la pérdida de un hijo es inimaginable, y fue retratado de muy buena forma dentro de la obra. Nancy era la figura de las personas que sienten todas las etapas del duelo al mismo tiempo, destacando entre estas la negación. Es cierto que existe la negación, pero esta también se manifiesta diferente en todas las personas, en el caso de Nancy, fue buscar a su hija hasta el cansancio, fue intentar conectar con su alma incluso cuando esta hubiera partido de su cuerpo físico, y debido a todo lo que experimentó estaba muerta en vida. No hay nada más realista que ello. De todas las subtramas en la historia, esta para mí tuvo el cierre que esperaba y que me hizo sentir satisfecha.

Aunque Hugo y Meiying fueran personas que estaban fuertemente relacionadas con el mundo de los muertos, no significa que las diferentes experiencias que tuvieron no dejaran marcas en ellos. Cada uno tuvo su pasado y una base que a nosotros como lectores se nos brinda para empatizar de una manera distinta con ellos por tener dones especiales, pero centrándome en el punto que estoy desarrollando pienso abordar su contexto con las muertes. Ambos varias veces comentan que sienten que por más personas que ayuden a cruzar siempre les afectará de forma distinta este proceso, obviamente por las diferentes almas, sin embargo, no sólo se queda en esa capa superficial. Sobre sus hombros llevan no solamente la responsabilidad de guiar y dar apoyo, sino también de asegurar una vida pacífica después de la muerte a los individuos que llegan a su estancia. Es una tarea grande de dimensionar, y se vuelve más pesada cuando cometen errores, lo que me lleva al siguiente punto: los Husks, es específico Cameron.

Cameron murió por suicidio. Tuvo una vida muy dolorosa, tenía depresión y lo que terminó de destruirlo fue perder a la persona que más amaba. Muy en el fondo rogaba porque el autor manejara bien estos temas, pues está demás decir que son muy delicados, y considero que más o menos fue así. Hugo falló en su responsabilidad con Cameron por ser su primer caso de un alma que se arrebató la vida por decisión propia. No pudo llegar a él. No pudo salvarlo incluso después de haber muerto, y eso lo carcomía cada día en su labor. Cameron pensaba que al quitarse la vida su dolor iba a desaparecer, lo que no esperaba es que hubiera otra "vida" después de morir, lo cual lo desmoronó por completo, justamente por esto decide escapar de la tienda de té y termina por ser un Husk perdido y sin conciencia. T.J Klune no invalidó o minimizó las razones por las cuales una persona puede tener pensamientos suicidas, es más, pienso que en cierto sentido lo visibilizó más. Hizo que yo, como lectora, comprendiera y que en gran parte sintiera su tristeza y dolor. Y creo que para alguien que esté pasando por un momento difícil y que tenga estos pensamientos sería un alivio recibir el mensaje de que, aunque el dolor pueda no desaparecer al morir, siempre habrá una puerta que lleven al descanso y a la paz que tanto necesitaron en vida. No incentiva a que la persona piense que la única salida es morir, pues, cuando Cameron vuelve a recuperar su consciencia gracias a Wallace, instrospecciona todas sus decisiones tanto en vida como en su muerte y una de sus conclusiones es que acepta que no quiso ser ayudado cuando vivía, pero que justamente la ayuda que tanto evadió tarde o temprano llegó a él, y, aun así, se arrepiente de no haberse salvado cuando vivía. No obstante, en el otro lado de la moneda está lo que no me convenció tanto, y es que, a pesar de ser un mensaje esperanzador, no se puede afirmar y garantizar completamente que el caso de Cameron sea un ejemplo a seguir. Por eso se me hace un poco polémico que estos temas sean tocados en la ficción, más aún con la trama y la idea de lo que hay después de la muerte que lleva este libro. El mensaje puede ser malinterpretado, o peor aún, ser tomado como algo a lo que aspirar (refiriéndome a esperar que haya una posibilidad de encontrar una salvación que no fue encontrada en vida al momento de morir), lo cual se me hace un poco preocupante. Pese a esto, puedo decir que el autor hizo un trabajo decente involucrando este tema. Esta subtrama no tuvo un cierre catastrófico y dio una columna de apoyo a toda la idea de las percepciones variadas de la muerte.

"Pero puedo irme ahora, con la seguridad de que te mantienes en pie por ti mismo, y cuando lleguen los días en los que creas que no serás capaz, tendrás a otros para asegurarte de que lo harás. Ese es el punto, Hugo. Ese es el sentido de todo esto".

Dentro de esta historia, la vida después de la muerte no consiste en un purgatorio, ni un cielo o un infierno. Estos conceptos están asociados con la religión, pero esta historia va más allá de eso, va más allá de las ideas de castigo o recompensa por lo hecho en vida, y se encuentra en el interior de la simplicidad en una casa de té. Al momento de que las almas cruzan la puerta, no se describe mucho de lo que es, queda a interpretación del lector, pero sí se describe lo que se ve. Y según mi criterio es el reencuentro con el amor. El amor en todos los sentidos, en su raíz y pureza. Las personas que cruzan se reencuentran con lo que más amaron o a quienes más amaron, porque precisamente es ahí donde se encuentra el consuelo y descanso para su alma, por eso es que es un paso grande y decisivo el cruzar, porque para poder entregarse a ese amor tan lleno de luz las almas tienen que despojarse de todo lo que les atormentaba inclusive después de morir, tienen que aprender a perdonar tanto a ellos como a sus acciones, pensamientos, personas y experiencias en vida, y extra a eso a aceptar lo que fue junto con la realidad de que su tiempo viviendo finalizó. A mi parecer es uno de los mensajes más bonitos que pude encontrar en un libro, porque todo el tiempo se deja en claro implícitamente que ese es el mensaje, ciertamente por eso el punto más fuerte de esta obra son los vínculos que forman los personajes con las personas que quieren.

Para finalizar, Bajo la puerta de los susurros es una obra que nos habla sobre la muerte y, sobre todo, sobre la vida. No es una novela que considere completamente perfecta: sus personajes son algo lineales y el romance podría haber dado mucho más. Aun así, el mensaje que considero central, la exploración de las múltiples aristas del duelo y la autenticidad de sus vínculos, la convierten en una lectura conmovedora, de esas que te dan un abrazo.

 

Arelys Valdiviezo

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