Enamorarse de alguien con mil ojos, pero que ninguno de ellos voltee a mirar(te), tendría que ser catalogado como una de miles de formas de morir en vida.
Hilarse y deshilarse, cortar y trocear y mi reflejo ya no me reconocía, pero sus ojos todavía no me miraban.
Las palabras, canciones y poemas que nunca se dijeron las escucharon en un silencio sepulcral todas las almas en pena.
Requiem sonando todas las mañanas en honor a un corazón que aún latía.
Pero para cuando preguntaban si todo estaba bien, ya había escondido el cadáver.
Porque sería mentir si digo que yo al mirar(te) no sentía que tenía el universo entero frente a mis ojos
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