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reniego

zamira

Jul 17, 2026

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reniego
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cada mediados de julio me tocó llevar colgado de un hilo el corazón. tanto me pesaba el desgarro que mi cuerpo no fue capaz de sostenerlo sin desbordarse de rabia y sacarme de quicio.

desde chica me até a la soledad como parte propia, como escudo de traición y dagas provenientes de quienes adoré. la humillación y el dolor eran algo a lo que me resignaba verles la cara. mi piel se desprendió tantas veces que intenté evaporarme, volverme ceniza con el fin de no ser visible. tuve tanto por decir que decidí callar. me ahogué con las palabras incrustadas en la garganta y atadas a mí con clavos. el impulso de soltar miles de versos como puñales no me faltaba, pero no tenía caso si al final me dolía más a mí; ¿qué sentido tenía recalcar lo inhumano? como si no lo supieran. como si existiera compasión dentro de lo enfermo y cruel.

no fue sorpresa revivir la misma situación una y otra vez. supe quiénes tapaban su soberbia con escritos, delirios. otros disfrazando de amistad a lo que siempre fue desprecio. reconocí la arrogancia desde el primer momento. la gula, el hambre, la voracidad inusual. el denigrarme sin piedad, sin remordimiento y a escondidas me dió la razón aunque deseaba no tenerla. me confirmó lo perverso que puede ser alguien por lo carnal. por algo fulminante, sin pasión, sin una pizca de inocencia y mucho menos amor.

también, supe quién me atormentaba desde sombras con múltiples máscaras. se posaba en mi espalda, torcía mi mente pinchando agujas hasta corromperla, hasta quebrar lo que creía poder ser genuino y desde lo sensible. sí, me mostró la verdad, me recordó el porqué no debía ceder sin importar la pena que me causara. pero no cabe duda cuáles fueron sus intenciones; las de quitarme la poca fé que conservaba y reírse en mi rostro de vergüenza. las de llevarme al lugar que más pedí salir. era consciente de la forma en que me brotan las lágrimas al punto de quemarme los ojos, que los pulmones se me agotan mientras mi alma pide a gritos consuelo.

desangré el pecho con garras y sin pensarlo perforé el interior para encontrarme con lo que daba por muerto. allá en el fondo se refugiaba mi enojo, mi orgullo, mi verdad. todo lo que parecía arrebatado creció profundamente en mí. tantas brasas de reniego abracé que consumieron los tejidos ardiendo en silencio. me vi tan muerta que olvidé estar llena de brío. buscaba vida teniendo el ímpetu bajo la piel.

hoy le abro la puerta a lo que me pertenece, a lo que es mío y lleva mi nombre. le doy la mano a los dolores y a la muerte así dejarme renacer. por más que al abrir la boca provoque incendio, por más que desprecien mi ruido, no callaré. no coseré la furia por miedo. no esperaré un perdón. ahora más que nunca llevaré de abrigo al coraje.

zamira

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