Me consume el odio seco
que no se extingue,
un puñado de cenizas en el pecho
que no es ceniza ni es pecho,
es nada.
Me consume la ausencia
que no puedo callar,
quiero que se te pudran los ojos
de no mirarme nunca más,
quiero que te nazca en la boca
un sabor amargo,
el sabor de todo lo que mataste.
Quiero que lleves mi nombre como un peso,
quiero que te pese el aire
y te queme la lengua,
como una piedra negra
atada a tu garganta,
como una cruz que no puedas soltar,
como un pájaro muerto que no puede volar.
Y entonces,
cuando ya no te quede nada,
cuando ya no te quede ni olvido,
entenderás en lo que me transformé,
en lo que me convertí
cuando te fuiste,
sabrás que aún no sé cómo seguir
sin el peso de tu cuerpo,
sin el vacío de tu voz,
sin tu rostro que se diluye con el tiempo.
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